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Una dècada d’activitats creatives
Des de principis dels 70 molts integrants del rotllo que buscaven un espai més natural se’n van anar a viure a La Floresta. L’ambient de Barcelona es feia progressivament més irrespirable i la Floresta, a més de l’espai natural, oferia facilitat de transport en tren, cases amb lloguers barats, menys control policial i més llibertat. A mitjans dels 70, s’havia convertit en un pulmó vital i espai d’experimentació en tots els sentits.
Existia una Associació de Veïns que gestionava el Casal de la Floresta, un antic casino semi-abandonat, presidida per una junta de l’època franquista. A mesura que els nous habitants van empadronar-se al municipi i es van donar d’alta a l’associació, van exigir votacions democràtiques, desplaçant els fatxes. Una nova generació amb idees llibertàries s’introduïa en el moviment veïnal. La renovada associació va posar en pràctica decisions assemblaries. D’aquest canvi, van sorgir diverses iniciatives gestionades per petits grups: la gestió del casal, la creació de la guarderia dels Àngels per infants, basada en principis anarquistes, una cooperativa de consum alimentari i la cooperativa de músics.
La consigna d’aquells anys era LA FLORESTA ÉS UNA FESTA. L’assemblea del casal decidia les activitats i es va convertir en un dels centres de la vida llibertària catalana. El Casal, situat a pocs minuts de l’estació del tren, a més de passar a ser el punt de trobada, albergava els locals d’assaig per a músics i tot tipus d’arts escèniques. Allà es va formar la “Orquesta de la Floresta” i es reunien grups com “la Propiedad es un robo” o els Perucho’s. La Cooperativa de Músics va promoure moltes actuacions al carrer i al mateix casal. El període d’activitat més intens, actuacions. festes, jam sesions i cine fòrums, va ser entre els anys 1976 i 1978, als quals corresponen els cartells que publiquem aquí.
Canti
Volem agrair particularment al Josep Maria Berenguer que ens ha facilitat els pòsters que publiquem. Fem extensiu l’agraïment al Xavi Cot que ha tingut la paciència de datar la majoria dels pòsters.

A continuació, un bon testimoniatge d’aquests esdeveniments escrit per Jordi Carbó que va viure intensament l’efervescència d’aquells anys a la Floresta.

Fragment de Fade Out
Nos fuimos de casa y nos juntamos en pisos o casas, principalmente en las afueras de Barcelona, para poder sobrevivir. No pagábamos los alquileres y cambiábamos muy a menudo de vivienda, según lo que aguantaran los propietarios; hay que decir que entonces, no les resultaba fácil echarnos así como así y los sistemas de desahucio funcionaban, para suerte nuestra, de forma muy distinta a la actual.
En pueblos como la Floresta y alrededores creamos cooperativas para casi todo. Varias casas nos unimos para comprar comida para todos, al mayor, a precios mucho más baratos; incluso habíamos creado un fondo de dos talegos por casa para que nadie se quedara sin papeo si, una semana, no había pasta. Sólo hubo que establecer un sistema de turnos para hacer la compra semanal y que no pringaran siempre los mismos. Uno con carro y otro sin.
A las cuatro o las cinco de la madrugada, normalmente de empalme, sin dormir, íbamos a Mercabarna o a la Boquería. Luego, en el garaje de una de las casas, en el que había unas básculas, hacíamos el reparto según unas listas de las que habíamos hecho fotocopias y en las que cada uno marcaba su pedido semanal. Y, aunque en general, no éramos vegetarianos, para no hacer el rollo demasiado complicado las listas sólo eran de fruta y verduras; aunque alguna semana añadíamos algo especial, como sardinas o cosas que no fueran un palo repartir.
Creamos una cooperativa de músicos y en el Casal disponíamos, gratuitamente, de local de ensayo y de un pequeño teatro donde, periódicamente, organizábamos conciertos combinando, grupos de la cooperativa, con grupos de Barcelona. Por allí pasó la flor y nata musical del momento y se llenaba, con o sin concierto, de peña de Barcelona y de los pueblos de alrededor.
Ocurrieron cosas alucinantes, como un concierto a dúo: la Nico con su teclado y yo haciendo el majara con el saxo. Con todo esto, la Floresta se convirtió en la capital del underground catalán.
Fueron momentos creativos, desbordantes de energía, en los que la peña se enrollaba y apuntaba a lo que fuera. Logramos echar a los fachas que dirigían el Centro Cívico, es decir el Casal, con todas sus posibilidades y aunque no todo fuera perfecto, estaba de puta madre.
Las cosas empezaron a fallar. ¿Cómo? pues de la manera en que se van a la mierda estas cosas. Unos, tirando del carro (casi siempre los mismos) hasta que se hartaron. No hubo un relevo a la altura cuando, los de siempre empezaron a quemarse y a estar hasta los huevos. Peña con mucho morro, dejando deudas que, los demás, no estábamos en condiciones de asumir. De la vida comunitaria, ¡qué voy a decir!. Era una hostia que teníamos que darnos. Y la gente, pues mucha y muy maja, pero siempre hay hijos de puta en todas partes, aunque los disfraces de lo que sea. Esto de hecho era lo normal y visto, a través del tiempo transcurrido, te das cuenta de que aquello no podía acabar de otra manera.
Pero hubo algo más. Nosotros no éramos de la generación del: “paz y amor” y aunque sobre el papel, nos parecía muy bonito, nos iba la marcha y si había que salir, a currarse con los grises (entonces aún eran grises) salíamos y nos partíamos la cara con la madera por las cosas en las que creíamos. No como nuestros hermanos mayores, progres universitarios que, en cuando aparecía un jeep, salían corriendo. Nosotros no.
Nosotros esperábamos con los cócteles y las barras de hierro preparados, no se lo poníamos fácil. Por eso, cuando nuestros “hermanos” de la generación anterior, fueron los que estuvieron en el poder; quisieron hacernos creer que habían cambiado las cosas: ¡Había llegado la democracia, éramos libres! JA! Con nosotros, los que no tragábamos, buscaron otras armas. Y las encontraron, vaya si las encontraron…
Jordi Carbó