Publicat dins: Articles - 17/05/2010

Viñeta del cómic Yonkis Del Espacio de Gallardo y Mediavilla (La Cúpula, 1989)
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Madrid, capital de la sospecha
“Nos matan con heroína”, clamaba Eduardo Haro Ibars en octubre de 1978 desde las páginas de la revista Ozono. El escritor con vocación de maldito, que en ese momento se hallaba en plena sintonía con el anarquismo emergente en España, y años más tarde desembocaría en la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), era tajante al respecto: “La heroína está aquí, fácil de conseguir, atractiva precisamente por esa leyenda de «fruto prohibido» fomentada en torno a ella. La heroína se puede comprar sin muchas dificultades y a un precio relativamente bajo: por quinientas pesetas es fácil conseguir una dosis, y hasta dos, en cualquier plaza, en cualquier bar de las zonas underground de Madrid”. Eduardo Haro denunciaba un hostigamiento o exceso de celo policial contra los camellos y usuarios de hachís y hablaba de “ignorancia”, “confusión” y directamente “estupidez” por parte de los jóvenes drogados, pero sobre todo acusaba a “sociólogos, psiquiatras y periodistas” de ser responsables indirectos del envenenamiento masivo al “hacer creer que todas las drogas son iguales”, es decir, al no establecer distinciones entre el hachís ―“prácticamente inocuo” en su opinión― y los poderosos polvos blancos.
Unos días antes el periodista y guionista de cine Gonzalo Goicoechea Luquín, conocido por su sensibilidad ante determinados temas sociales y por su valentía a la hora de destapar aspectos oscuros de sucesos aparentemente vulgares, ya había denunciado en prensa (Triunfo, 02.09.1978 y 23.09.1978) las redadas selectivas practicadas por la policía en Madrid y la deliberada ceremonia de la confusión creada por los medios de comunicación en torno a las drogas. Pero, ¿qué sabían los jóvenes españoles sobre la heroína en aquel momento?
En realidad, pocas cosas, y casi todas a partir de experiencias indirectas. Los que tuvieron la oportunidad de asistir al concierto de Lou Reed celebrado el 18 de marzo de 1975 en el Palacio Municipal de Deportes de Barcelona ―primera y única actuación de la gira en España― vieron cómo el icono del underground neoyorquino ―cuya adicción al opiáceo era sobradamente conocida― deambulaba por el escenario dando tumbos y casi se desvanecía sobre el piano de cola, sin apenas atinar a pulsar las teclas, mientras desafinaba con una voz quebrada. A muchos les pareció que Lou Reed iba a morirse en escena. ¿O sólo se trataba de una pose, una artimaña más del show business? Imposible saberlo, porque el uso de heroína estaba considerado como una práctica contracultural y transgresora absolutamente extrema, lo cual le confería cierto glamour. En este sentido, en su crónica personal de la época, titulada Los 70 a destajo. Ajoblanco y libertad (2007), José Ribas rememora cómo la heroína contaba con sus propios defensores y cómo él, que siempre la conceptuó como el “enemigo a batir”, hubo de reprimirse en más de una ocasión para no ser tildado de “¡Conservador! ¡Burgués! ¡Miedoso! ¡Puritano!”. De hecho, en 1976 se tradujo al castellano y se publicó la novela autobiográfica Junkie (1953), de William Burroughs, con una portada muy colorida, tan espeluznante como morbosamente atractiva, reproduciendo un chute en primer plano, y en poco tiempo se convirtió en un libro prácticamente de culto. Un éxito similar tuvo el LP Rock’n’roll Animal (1974), de Lou Reed, que fue lanzado en el mercado discográfico español a finales de 1977 con un anuncio en la cubierta destacando que se trataba de la “versión original íntegra incluyendo el tema Heroin”, una canción que “para bien o para mal” ―según declaraciones del poeta y músico El Ángel― “cambió la vida de muchos”. Finalmente, durante el verano de 1978, en las principales ciudades españolas habían aparecido vallas publicitarias que representaban en unos casos la figura de un hombre afligido con el eslogan
“LA DROGA ES DOLOR” y en otros enormes esquelas mortuorias con el epitafio
“LA DROGA MATA” y la macabra invitación “rellénala con tus datos”. En un país donde la sustancia ilícita más abundante y reconocible era el hachís, cuyo consumo contaba con una larga y arraigada tradición, ¿qué droga era aquella que causaba dolor y mataba?

La droga mata (1978)
La respuesta estaba en los propios titulares de prensa: “Por la ruta de las drogas «duras». La muerte en polvo” (Interviú, 23-29.03.1978), “Síntomas para detectar la adicción a la droga” (El Alcázar, 02.07.1978), “¿Mata la droga?” (Disco Exprés, 21.07.1978), “La droga no mata” (Disco Exprés, 21.07.1978), “Muere un joven por sobredosis de heroína” (El País, 12.09.1978),“En Valladolid: Nació heroinómana” (Diario16, 12.09.1978),
“Heroína, el «caballo» que mata” (Diario16, 12..09.1978, 13,9,78 y 14.09.1978), “El incremento de muertes por sobredosis es alarmante” (El País, 13.09.1978), “Escalada de la droga en España” (Las Provincias, 02.11.1978), “La droga avanza” (Los Domingos de El Imparcial, 12.11.1978), “La heroína al galope” (Valencia Semanal, 12-19.11.1978), “La droga invade los colegios” (El Alcázar, 23.11.1978), etc. Así, en pleno fragor mediático Haro Ibars denunciaba un motivo oculto en la introducción del opiáceo en España: “La heroína se está convirtiendo en un perfecto instrumento de control por parte del Poder. Es utilizada para embrutecer, para violar el espíritu de quienes la consumen, para crear un nuevo conformismo: el usuario habitual de heroína es alguien que no plantea demasiados problemas, siempre que tenga resuelto el alimentar su hábito. Y, por el momento, lo tiene. Como ya he dicho, es muy fácil de conseguir, e incluso barata”. Sin embargo, a la hora de identificar a los culpables de la ola de toxicomanía, se mostraba mucho más críptico: “Nadie sabe dónde están los verdaderos traficantes, los que traen los kilos de material necesarios para satisfacer el consumo no solamente en Madrid, sino de toda España. Son invisibles; nadie los conoce”.

La droga mata – Winston (1978
Apenas un mes después, el periodista y escritor Moncho Alpuente también se haría eco del mismo misterio: “El «caballo» de la heroína corre desbocado por Madrid y otras capitales […] ¿Quién introduce la droga dura? De los oscuros intereses, de las grandes mafias, de los jefes de estas multinacionales de la muerte no hablan las crónicas de los periódicos” (Por favor, 19.11.1978). Todo apuntaba a que el cinismo hacia las instituciones y autoridades tradicionales, propio de las huestes contraculturales, había resuelto filtrar la presencia de la heroína por el tamiz de ética de la sospecha.

La droga mata – Bodegas Olarra (1978)
Pocos meses más tarde el psiquiatra Enrique González Duro, autor del libro Consumo de drogas en España (1979) y de un artículo publicado en abril de 1980 en la citada revista Ozono, certificaba el carácter “contrarrevolucionario y alienante” de la heroína y hablaba de “placer fascista”, parafraseando la expresión utilizada por el propio Haro Ibars en su libro De qué van las drogas (1979). A juicio de González Duro, la clave del fenómeno radicaba en el “desencanto” y la “desesperanza” que había cundido entre unos jóvenes que ya no creían en nada: “ni en la sociedad, ni en la política, ni en la revolución, ni en las comunas, ni en la juventud, ni en el amor”. El psiquiatra observaba que se culpabilizaban a sí mismos de sus problemas en la misma medida que culpabilizaban a los demás, pero tampoco aportaba ninguna pista sobre los responsables últimos del cada vez mayor consumo y tráfico de heroína en España, cuya identidad se mantenía en el más completo anonimato.
Construcción de una teoría conspirativa
La denominada “contrarrevolución del caballo”, que ya había sido esbozada en algunos textos, como Capitalism plus dope equals genocide (1970), de Michael “Cetewayo” Tabor, y Los hombres se drogan, el Estado se fortalece (1977), de Jules Henry y Leon Léger, fue uno de los temas troncales tratados en un seminario del movimiento autónomo italiano, celebrado en la primavera de 1979 en la ciudad de Bolonia. Allí se denunció una situación que supuestamente había venido repitiéndose durante los últimos años: la utilización estratégica de la heroína por parte del Estado para desactivar la amenaza potencial de las vanguardias contestatarias. Tanto en el caso de contracultura californiana en general y del Free Speech Movement de Berkeley en particular, como en el caso del Black Panther Party, de los provos holandeses, del mayo francés, del Autunno Caldo italiano… el ciclo había sido el mismo:
1º) Escasean el hachís y la marihuana;
2º) Prolifera la circulación de heroína;
3º) Se producen continuas detenciones de pequeños camellos, así como se acosa social y policialmente a los consumidores de drogas “blandas” y
4º) Aparecen “nuevos” camellos especialmente en círculos contestatarios.
Según los autónomos italianos reunidos en el seminario, las consecuencias inevitables habían sido las siguientes:
a) La falta de hachís y marihuana contribuye a extender el hábito de la heroína;
b) Dado el precio, mucho más caro de la heroína, muchos adictos se ven abocados a “hacer de todo” para costearse sus tomas;
c) “Cualquier cosa” para conseguir dinero es, por ejemplo, traficar o cobrar por delatar, como confidentes sociopolíticos (en ocasiones se combinan ambos “trabajos”, implicando a organizaciones contestatarias y cuyo desprestigio se encargan de orquestar los medios de comunicación de masas) y
d) La adicción a la droga heroína margina e inhibe.
Cabía preguntarse por qué no se había producido un intento de rechazo en los colectivos más afectados, ni por qué en países como Chile, Uruguay y Argentina se había apostado por soluciones militares, y no por la introducción de heroína, para frenar la subversión, pero a esas alturas nadie parecía dispuesto a cuestionar la lógica de una explicación que resultaba bastante más congruente y verosímil que el discurso establecido. De tal manera, aquellos que estaban dispuestos a creer en el objetivo por parte de los poderes públicos de promover la abulia, el desinterés, el sopor, el distanciamiento, la desconfianza, etc., incentivando la renuncia de las vanguardias contestatarias a participar en el proceso transicional en España, contaban con un marco teórico atractivo, bastante desarrollado y con un gran potencial dramático.

La Vanguardia, 17.02.1989 Las víctimas de la droga siguen aumentando
La ‘teoría de la escalada’
El discurso asumido institucionalmente para explicar el consumo de heroína tenía ―y tiene― su origen en la idea expresada por el comisionado Harry J. Anslinger, director de la Oficina Federal de Narcóticos (FBN) de EEUU desde su creación en 1930, y otros destacados líderes prohibicionistas estadounidenses, quienes repitieron hasta la saciedad que “fumar marihuana es el camino directo para acabar siendo un adicto a la heroína”. Según esta hipótesis, el hachís y la marihuana serían drogas de inicio, o sea, las puertas de entrada o los primeros peldaños a partir de los cuales se iría escalando progresivamente hacia el consumo de otras drogas cada vez más potentes y peligrosas. De acuerdo con este relato de signo fatalista, centrado en la demanda, las propiedades adictivas de la heroína bastarían por sí solas para explicar su expansión, y la muerte por sobredosis de jóvenes descarriados sería la anunciada culminación de dicha escalada. Una especie de castigo divino para todos aquellos que habían convertido la violación de la norma en un modo de vida.
Frente a este modelo farmacológicamente insostenible, y ajeno a todo análisis racional, la hipótesis alternativa no carecía de evidencias verificables. A diferencia de la ‘teoría de la escalada’ no ponía tanto énfasis en la demanda como en la oferta, y en su favor concurría la circunstancia de que el argumento que avalaba a la heroína como arma de Estado contaba con un precedente que había gozado de cierto éxito y predicamento en los medios de comunicación durante los años 50 y 60: el “peligro amarillo” que representaba el envío masivo de opiáceos ―opio, morfina y heroína― por parte de la China comunista con el fin de debilitar a la civilización occidental.

La Vanguardia, 15.09.1991 La policía encontró a este joven en un edificio de la Barceloneta con la jeringuilla todavía colgando de su brazo
La versión ácrata del asunto
Sea como sea, lo cierto es que la teoría conspirativa serviría para explicar el impacto de la heroína en el pujante movimiento libertario surgido tras la muerte de Franco en Barcelona y su área de influencia inmediata, que aspiró a renovar el viejo anarcosindicalismo desde los ateneos de los barrios, atrayendo a personas de distintas generaciones con el denominador común del espíritu crítico. Efectivamente, su labor cultural, lúdica y social, que ―según Pepe Ribas― “suscitaba temor al Ayuntamiento y al President Tarradellas”, se fue diluyendo a medida que muchos jóvenes militantes libertarios se apartaban de la causa, hundiéndose en una especie de autoinmolación calculada. En poco tiempo, el censo de heroinómanos en Cataluña elevó hasta 10.000-12.000 el número de afectados, y para conservar memoria de aquella amarga lección que supuso la sensación de inutilidad de la revuelta colectiva, combinada con el fracaso de la experiencia individual, contamos con la conmovedora novela de David Castillo El cel de l’infern (1999).
José Ribas siempre se ha mostrado contundente a la hora de explicar el fenómeno: “Desde el poder se aniquiló aquella posibilidad. No fue difícil acabar con la fiesta barcelonesa ácrata y alternativa, solidaria con España, faro cultural de toda la península. Barcelona entró en una crisis profunda y se encerró en sí misma. Las Ramblas y el [Barrio] Chino se llenaron de partidos fantasmas que incendiaban autobuses y rompían escaparates. Se cerró el Saló Diana y Zeleste se impregnó de disseny” (Ajoblanco, 00.04.1993). “Hubo un complot para acabar con el movimiento libertario y dejar Barcelona preparada para la oligarquía de los partidos y la falsa democracia que actualmente tenemos. Ahí se fraguó la generación sumisa que pronto será barrida […] a los libertarios ya no hay quien los resucite: los mató la policía infiltrándose en los ateneos y repartiendo heroína” (El País, 15.04.1994). En su citada crónica personal de los 70, Pepe Ribas se hace eco de un comentario que hizo “alguien del Ateneo de Sants” durante la celebración de las Jornadas Libertarias de julio de 1977 en el sentido de que “alguien estaba pasando heroína de mala calidad”, aunque entonces, en plena euforia ácrata, no se le dio importancia. “Nueve meses más tarde, la epidemia orquestada era masiva”, y pudo comprobarse cómo “el viejo sueño de la libertad, hilvanado ahora con la droga dura, promovía pasividad y muerte”, apostilla Ribas. En el mismo libro da crédito a la historia que le contó un “joven gitano” en 1978 para explicar la introducción de la heroína en Barcelona: “Años atrás, cuadrillas de poca monta que trapicheaban con hachís merodeaban los domingos por el campo del Barça y robaban los radiocasetes de algunos de los miles de coches aparcados. Muchos de ellos acabaron en reformatorios o en la cárcel. Otros intimaron con carceleros y policías. Convenientemente formados, los soltaron en plena ola libertaria a cambio de cumplir ciertos servicios. Un día les llegó el encargo de cambiar de mercancía y dirigirla a determinados ambientes. Aquellos camellos de poca monta que trapicheaban con chocolate, polen, marihuana y ácidos adulterados se pasaron a la nueva sustancia. Las primeras partidas no fueron grandes y tampoco tenían precio”. No deja de ser significativo que este testigo excepcional de la época también se apunte a la plot theory. “Eran las mismas tácticas que habían patentado los servicios secretos norteamericanos como arma de destrucción contra los Black Panthers y demás grupos radicales. Luego las extendieron por todo occidente”, asegura Ribas. Por lo que respecta a la respuesta de los usuarios ante la supuesta trama tóxica, es decir, a la demanda, Pepe Ribas se limita a reconocer que había muchos “alternativos pasados de revoluciones” que “se apuntaban a la heroína y otras drogas sin ton ni son”.

La Vanguardia, 19.08.1988 Un joven sin sentido en Bellvitge con la jeringuilla colgando del brazo y al fondo el rostro deshecho de su madre.
Un dogma abertzale
En Euskadi, donde hasta el propio Gobierno vasco admitiría la sospecha histórica de que la introducción de la heroína se realizó en connivencia con los cuerpos policiales, la teoría conspirativa ―como muy bien apunta Germán Labrador Méndez en su libro Letras arrebatadas (2009)― fue elevada a la categoría de “dogma”, seguramente porque el impacto del opiáceo todavía fue más visible que en otros lugares del Estado. De hecho, el número de consumidores habituales de heroína en Euskadi no tardó en cifrarse en torno a 135.000, de los cuales entre 6.000 y 10.000 podían considerarse heroinómanos, calculándose que en San Sebastián proporcionalmente había tantos yonquis como en Nueva York. Los viajes a Tailandia se habían hecho tan frecuentes y numerosos que, ante la invasión vasca, las autoridades locales habían habilitado un pasillo especial en la aduana del aeropuerto de Bangkok para inspeccionar exclusivamente a los turistas procedentes de Euskadi. Por lo demás, se rumoreaba que ETA Militar estaba seriamente preocupada al haber detectado entre sus filas consumidores de heroína, tal vez necesaria para mantener el ritmo y la tensión en la que se desenvolvían.
El 17 de abril de 1980 Herri Batasuna, a través del diario Egin, denunciaba la existencia en Euskadi de una “mafia de la heroína” amparada por los poderes del Estado español. Según la izquierda abertzale, estaba conformada por “delincuentes de corbata” que actuaban “en connivencia y protegidos por aquellos que teóricamente están encargados de defender el bien público”, cuyos maquiavélicos objetivos se centraban en los siguientes puntos:
a) Apartar de cualquier otro tipo de intereses o preocupaciones, como los sociales, políticos, culturales, etc., a un importante sector de la juventud vasca, para que se consuma a sí misma en la adicción a las drogas. De este modo se ofrece la droga como alternativa encaminada a inhibir toda actividad (en el joven, en el parado, en el reprimido en situación marginal, etc.) que pueda dirigirse a lograr un cambio de la sociedad (no es casualidad que sea precisamente en las zonas más combativas de Euskadi donde se están dando más facilidades para la introducción de las drogas duras).
b) Disponer, llegado el caso, de personas (los drogadictos) indefensas, automarginadas, sin resistencias ni capacidad de reacción, fácilmente manipulables por quienes disponen de poder de coacción, a las que poder forzar a la confidencia policial o a la colaboración vergonzante de cualquier caso.
c) Crear un estado de peligrosidad en las calles, a través de la delincuencia indiscriminada que originan las drogas duras. Tal estado y consiguiente psicosis de peligro indiscriminado ayudarían a justificar el crecimiento de los efectivos policiales y sus actuaciones de todo tipo, y a provocar el temor entre la población quedándose cada cual en su casa y preocupándose de lo que ocurra al vecino.
d) Sustituir un tipo de delincuencia común, que cabría considerar selectiva en sus fines y actuaciones y, hasta cierto punto, contraria al sistema establecido, por otra que actúa indiscriminadamente contra cualquier ciudadano y que voluntaria o inconscientemente favorece la inseguridad y la represión del pueblo.
e) Provocar una sensación de caos social en el ciudadano y de confusión ideológica que predisponga al pueblo a aceptar como mal menor la llegada de un “libertador” exterior, que con métodos represivos y el respaldo total de las instituciones imponga “su orden” haciendo desaparecer al mismo tiempo las escasas libertades populares conquistadas y desacreditando por otra parte cualquier fórmula social basada en el imperio de la voluntad popular”.
Al mes siguiente la revista Punto y Hora de Euskal Herria y en octubre de ese mismo año el periódico Zer Egin?, órgano del EMK-Movimiento Comunista de Euskadi, insistían en la misma línea: “Parece clara la existencia de una manipulación política orientada a conseguir la autodestrucción pura y simple de miles de jóvenes, que de otro modo podrían engrosar las filas de los contestatarios. Miles de jóvenes, muchos de ellos pertenecientes a la clase obrera, consumen sus días entre el trapicheo y el robo con el único fin de sacar un dinero que les permita obtener nuevas dosis de droga”.
De tal manera, ETA (m) comenzó su guerra particular convencida de que “era el Gobierno español quien introducía la droga en Euskadi para corromper [a] la sociedad vasca”. A través de largos comunicados acusaba a los grandes traficantes de heroína de “estar envenenando a la juventud y a la clase obrera vascas, en colaboración con el aparato represivo, para neutralizar su potencial revolucionario, beneficiando así a los intereses del capitalismo imperialista español, conchabado con el mundial”, y avisaba de que pronto pasaría a la acción. Algunos locales públicos y personas señaladas de los bajos fondos empezaron a recibir anónimos amenazantes. Luego siguieron atentados de intimidación con bombas a determinados establecimientos ―pub El Huerto y bares El Cielo y Tanit, todos de San Sebastián― por considerarlos como centros de consumo y distribución de heroína. Finalmente, la espiral de violencia desatada alcanzaría a las personas: el 29 de octubre de 1980 ETA (m) asesinaba a Carlos Juan-José Fernández Azpiazu, propietario del bar Kopos y responsable de la publicidad de las páginas amarillas de la guía de Telefónica en San Sebastián, como responsable de participar en el tráfico de heroína; el 31 de ese mismo mes secuestraba y mataba al abogado criminalista José Mª Pérez de Orueta, quien había defendido algunos casos relacionados con el tráfico de drogas; el 12 de noviembre asesinaba al transportista Miguel Zunzunegui Arratibel en su caserío de Ataun, también como responsable de participar en el tráfico de heroína; el 5 de enero de 1981 mataba de dos disparos en la cabeza a Antonio Díaz García, propietario del pub La Gramola en Rentería (Guipúzkoa), por idéntico motivo… así, hasta sumar casi una veintena de víctimas acusadas de vinculación con el narcotráfico. Mientras tanto los envenenados seguían consolidando su estatuto de víctimas involuntarias, al tiempo que su adicción se convertía en una especie de coartada genérica contra la responsabilidad personal. La voz del fundador de Askatasuna, Mikel Orrantia, describiendo la “extraña mezcla de misticismo y desdoblamiento esquizoide que les permite rizar el rizo para justificar su autodestrucción” (Cambio16, 22.12.1980), constituía una tímida excepción a la hora de cuestionar la actitud de los jóvenes tóxicos.

La droga es dolor – Savin vinos (1978)
De la consolidación de la teoría del complot a la institucionalización del ‘problema’
En octubre de 1981, cuando la heroína ya no resultaba tan barata, Josep Lluís Gómez Mompart, profesor de Periodismo de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), publicó un extenso y documentado artículo en la revista El Viejo Topo en el que identificaba la situación que se había registrado en el Estado español, y especialmente en Euskadi, con lo ocurrido anteriormente en otros lugares. “La CIA ha silenciado grandes operaciones multinacionales de tráfico de estupefacientes, en particular cuando de droga “dura” se trata, facilitando indirectamente que el caballo, por ejemplo, penetre con fluidez, especialmente en aquellos países donde surgen movimientos anti establishment”, decía Gómez Mompart, basándose en las conclusiones de los autónomos italianos y en diversas informaciones aparecidas en publicaciones contraculturales norteamericanas. Definitivamente, Gómez Mompart se inclinaba por la teoría conspirativa para definir “el trasfondo singularmente de la heroína como arma estratégica del Estado planetario, como instrumento de control social, político y cultural, y en tanto que mercancía de especial magnitud económica” e intencionadamente concluía su artículo con un interrogante, que remitía a los lectores al misterio, al secreto, reforzando el caldo de cultivo para seguir alimentando cualquier teoría basada en el complot.
Aunque la hipótesis de la heroína como arma de Estado presentaba serias lagunas ―¿hubo un complot a nivel estatal o se orquestó por autonomías?, ¿acaso no existían recursos menos arriesgados?―, y ninguna prueba concluyente, en general fue admitida sin reservas. Cual profecía autocumplida, la “epidemia” acabaría convirtiéndose en un problema social de primera magnitud, digno de la alarma social que habían creado los medios cuando todavía no estaba justificada. A medida que el problema adquiría el volumen y dimensión de genocidio involuntario, de una catástrofe colectiva y encriptada, la teoría conspirativa seguía cobrado fuerza y ganando adeptos. Así, en enero de 1984 el actor Will More, que había protagonizado la película Arrebato (1979), en la que se punteaba el tema de la heroína, declaraba en una entrevista publicada en la revista La Luna que “la heroína es el arma que emplean las democracias para sedar a la juventud”, y unos meses más tarde el Partido Comunista de España (PCE) tomó la decisión de “combatir desde la base de la sociedad el consumo de heroína” sin entrar a cuestionar dicho presupuesto (El País, 24.06.1984). Ese mismo año se estrenó la película El pico 2, en la que Eloy de la Iglesia presentaba el asesinato de un sórdido camello de heroína y confidente protegido por la Guardia Civil ―papel protagonizado por Ovidi Montllor― como desencadenante de la trama. Y, por citar un último ejemplo, el 11 de marzo de 1985 la revista Cambio16 publicó un artículo titulado “De las banderas rojas a la jeringuilla” en el que confirmaba que “muchos antiguos progres desencantados han elegido los paraísos artificiales de la droga como única salida”. De hecho, cuando el Gobierno puso en funcionamiento el Plan nacional sobre Drogas (PND) lo hizo con el “objetivo fundamental” declarado de luchar contra la heroína (El Médico, 13.09.1985), y en ningún momento se pronunció en contra de la teoría conspirativa. Y ya se sabe lo que dice el refrán de que “quien calla, otorga”.

El Alcázar, 22.12.1984
¿Leyenda negra de la transición?
¿Cómo es posible que hasta los poderes públicos hayan admitido tácitamente la teoría conspirativa? ¿Hubo realmente un intento de represión dirigido por el poder contra toda forma de disidencia e incluso contra la juventud como identidad colectiva? ¿De verdad la introducción de la heroína estuvo inducida, alentada y posibilitada por los aparatos policiales del Estado con el fin de neutralizar el poder subversivo de la juventud española durante la etapa de la transición? ¿O más bien nos enfrentamos a una leyenda negra fundada en indicios de difícil comprobación?
Según Germán Labrador Méndez, “no es fácil descubrir una mano negra moviendo los hilos de la heroína en España” siguiendo las pautas de un “guión oculto”. Y de hecho, hasta la fecha, nadie ha aportado ni una sola prueba definitiva al respecto. Sin embargo, a nadie se le escapa la presencia de infinidad de personas dispuestas a asumir con facilidad verdades no probadas, especialmente cuando se trata de detectar la existencia de enemigos invisibles. Basta darse una vuelta por Internet para verificar la fascinación que siente una buena parte de la población por encontrar verdades ocultas aunque no se sostengan con pruebas.
Los filósofos Fernando Savater y Antonio Escohotado alzarían sus discursos frente a tanta irracionalidad, y el antropólogo Juan F. Gamella vino a demostrar que la “crisis de la heroína” en el contexto transicional (1976-1982) fue el resultado de una compleja interacción de factores.
En este sentido, habría que mencionar primer lugar la disposición poco hostil de las autoridades ―concentradas como estaban en reprimir el tráfico y empleo de LSD y marihuana― con que contaron las mafias siciliana y corso-marsellesa para hacer circular grandes cargamentos de heroína por España hacia finales de los 60 y principios de los 70. Heroína que, tras la ilegalización del cultivo de adormidera en Turquía (30 de junio de 1970), comenzó a llegar procedente del sudeste asiático, en cantidades nunca vistas hasta ese momento. En segundo lugar, podríamos certificar la coincidencia en el mercado de algunos de productos de consumo ―libros, discos― que contribuyeron a estimular la demanda de heroína, despertando la curiosidad e incentivando y socializando el deseo de los jóvenes. Asimismo, la cobertura excesiva por parte de unos medios de comunicación ávidos de sensacionalismo determinó que el procesamiento epidemiológico del “problema” fuera anterior a su aparición. Como consecuencia, se registró una promoción indirecta del opiáceo a través del alarmismo. Un factor que, sin duda, otorgó a la sustancia un valor añadido en determinados segmentos de población, pues de sobras es sabido que el miedo y la exageración pueden alimentar ―por una suerte de efecto bumerán― el interés y la fascinación, ya que todo el mundo tiene por seguro que algo muy caro, perseguido y peligroso alberga placeres inmensos. Igualmente podría hablarse de irresponsabilidad por parte de algunas iniciativas privadas paradójicamente orientadas a la prevención de la toxicomanía como otro factor concurrente en la expansión de la heroína. Por otra parte, es cierto que los ajustes de la economía vía paro provocaron una degradación del mercado laboral que afectó profundamente a las condiciones de vida de la clase trabajadora y a sus expectativas de futuro. En este sentido, los efectos del desempleo fueron paliados en gran medida por el surgimiento y crecimiento de una economía informal de considerables dimensiones, y no cabe ninguna duda de que el mercado negro de la heroína jugó un papel importante en esa economía sumergida. Por lo que respecta a los poderes públicos, podría acusárseles de cierta pasividad o abstención activa, por haberse limitado a poner en circulación un discurso moral de orden público durante los momentos cruciales, retardando el intento de abordaje de la cuestión.
Pero tampoco podemos olvidar la presencia de toda una generación paradójicamente predispuesta a confirmar los designios del represor, descendiendo uno a uno todos los peldaños de la ‘teoría de la escalada’ y sucumbiendo a la lógica endovenosa, entre el interesado desinterés de la clase política y la temerosa incomprensión de la opinión pública. Una generación que coincidió con el advenimiento de una nueva delincuencia, basada en la decisión que tomaron muchos jóvenes de buscarse la vida, frente al ganársela de sus padres. La espiral delictiva en la que se habían embarcado (sustracciones de vehículos, tirones de bolsos, robos en comercios y domicilios particulares, atracos a farmacias y joyerías), con la irrupción del caballo en sus vidas, derivaría en una oleada de atracos a bancos sin precedentes. Una generación de jóvenes, en definitiva, dispuesta a representar el rol de víctimas propiciatorias que toda sociedad en transición necesita para conjurar sus temores.
A estas alturas, nadie niega que la “crisis de la heroína” resultara beneficiosa para el consenso ideológico sellado en los denominados Pactos de la Moncloa (1977), por el que las fuerzas políticas y sociales decidieron apoyar un sistema de democracia parlamentaria, la integración en Europa y una redistribución de la renta mediante reforma ―sin ruptura― de las estructuras capitalistas. De hecho, el “problema”, reconocido como tal a partir de la expansión de la heroína, se configuraría como un tópico institucionalmente seguro sobre el cual unificar voluntades políticas, favoreciendo la aceptación de una legislación más estricta, mayores gastos en fuerzas de orden y cuerpos de seguridad y más protección paternalista. Pero una cosa es que los sectores más afectados por la expansión del consumo de heroína fueran precisamente aquellos que prefiguraban una amenaza potencial para el consenso social e ideológico que requería la transición y otra bien distinta es que existiera un plan maquiavélico orquestado por el Gobierno, ciertos poderes económicos en la sombra y los servicios secretos estadounidenses con el fin de neutralizarlos.
Recientemente, el psicólogo Eduardo Hidalgo Downing, en su libro Heroína (2007), ha deconstruido esa estructura conceptual que considera como una “interpretación sesgada, burda y simplista”, adornada con “buenas dosis de paranoia”, y el investigador Martín Barriuso ha resumido claramente el caso particular vasco: “Nunca sabremos si hubo una trama orquestada dirigida a introducir drogas en Euskadi desde las fuerzas policiales. Lo más probable es que se tratara de uno más de los numerosos casos de corrupción policial que se produjeron en España durante aquellos años, con la ventaja añadida para los corruptos de la protección extra que les proporcionaban sus responsabilidades en la lucha armada contra ETA, que les ofrecía impunidad y acceso a fondos reservados” (Cáñamo, especial 2005).
En resumen, es probable que se dieran casos puntuales en los que algún agente institucional promoviese la heroína con intenciones “contrarrevolucionarias”, pero no hay pruebas definitivas que indiquen que dichos casos formaran parte de un plan a gran escala del Poder ―en mayúsculas― como estrategia de dominación y control social.

Reflexión vs. compasión
Entonces, ¿cómo ha podido calar tanto y tan hondo esa idea en el colectivo imaginario de los españoles, que hasta hoy en día es compartida por muchas personas?
En general, las teorías conspirativas son a menudo preferidas por las personas como modo de entender lo que está pasando a su alrededor sin tener que lidiar con las complejidades de la historia y la interacción política. También es cierto que los humanos sentimos una honda pasión natural que nos atrae hacia el misterio. Asimismo, está comprobado que solemos aplicar una lógica en función de la cual esperamos que un evento significativo responda a una causa significativa. No obstante, sin descartar estos tres aspectos, creemos que el éxito en este caso obedece a dos factores específicos.
En primer lugar, podemos atribuir su éxito inicial al hecho de que facilitó la descarga emocional de amplios sectores, al ubicar el evento en un contexto moral entendible para una izquierda revolucionaria que comenzaba a experimentar el aislamiento social y la pérdida de influencia política y a mostrar signos de agotamiento.
Si posteriormente se asentó fue porque en realidad no entraba en contradicción, o al menos no era del todo incompatible, con la versión oficial o institucional de los hechos, amén de resultar mucho más romántica. A fin de cuentas, ambas coincidían en exonerar a la sociedad en general y a los afectados en particular de cualquier responsabilidad en el proceso. En el fondo se trataba de dos modelos retóricos que movían a la compasión y excluían todo análisis racional. Si en la ‘teoría de la escalada’ los toxicómanos eran presentados como víctimas involuntarias de la acción tóxica de la heroína, para los creyentes en los oscuros designios del poder se constituían en sujetos asimismo no responsables sobre los que se ejercía la acción represiva del Estado.
Efectivamente, como dice el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, “los humanos, en el dolor más hondo, podemos sentirnos confortados si en la pena nos conceden una rebaja menor”, pero como no está demostrado que la compasión ayude a comprender las dinámicas o procesos históricos, desde el ámbito de las ciencias sociales nos vemos obligados a apelar a la razón y a promover un ejercicio de reflexión que nos impida caer en la trampa que supone la tentación permanente de creer en indemostrables intervenciones de proporciones metafísicas.
Juan Carlos Usó,
Article extret de la revista Mombaça, núm. 8, monogràfic “Lo llamaban transición”
Publica La Web Sense Nom per cortesia de Juan Carlos Usó (drets de còpia)
» Article anterior: Can Americano, Eivissa.
50 comentaris
Gero
18 maig 2010, 09:50
1Piensa mal y acertarás … Soy partidario de que la introducción del caballo fue un tema policial siguiendo un guión de la CIA. Los 80’s fueron terribles, entre el jako y el sida se quedaron muchos de los mejores. Pepe Ribas tiene razón en su teoria conspiratoria, el poder siempre ha demostrado no tener escrupulos. Felicito a Juan Carlos por este magnifico trabajo.
Canti
19 maig 2010, 06:09
2@Gero
¿Piensa mal y acertarás? Quin tòpic, No?
Segons aquest raonament jo i milers de persones hauriem estat víctimes d’un complot de la CIA i ens haurien de pagar una pensió i compensar per tots els anys passats com a consumidors o entalegats.
Suposo que ens veurem a l’estrena del documental Morir de Dia i en podem parlar.
Mentre, deixo aquí l’enllaç al blog de Morir de Día on podem llegir la sinopsi.
Entre el documental de la Laia Manresa i el Sergi Dies i l’article del Juan Carlos Usó tenim material per una bona conversa.
Gero
19 maig 2010, 01:54
3Potser sigui un topic pensar malament, pero aquestes organitzacions tenen una llista tan negra i llarga de victmes que no cabrien en aquesta web.
ddaa
1 juny 2010, 11:13
4Entre la historieta que cuenta Pepe Ribas sobre el gitano y este curradísimo artículo (el único, que uno sepa, que se ha dedicado a examinar a fondo la conspiranoia de la heroína) no hay comparación posible. Lo malo de las teorías de la conspiración es que son impermeables al razonamiento, como se puede comprobar por las opiniones algunos comentaristas que me han precedido. Y una cosa está clara: a nadie le ponen una pistola en la cabeza para probar o engancharse a una droga, algo que requiere de la participación voluntaria (y reiterada, en el segundo caso) de la supuesta “víctima inocente”, así que el improbable papel de la CIA o de cualquier otra siniestra organización sería completamente inútil sin la elección personal de cada uno de los sujetos implicados. A menos, claro está, que neguemos el libre albedrío y prefiramos considerarnos una especie de niños perpetuos necesitados de la tutela permanente de las autoridades sanitario-policiales, algo que casaría mal con la línea que sigue la web sense nom.
Gero
1 juny 2010, 12:00
5Sin poner la pistola a nadie, en este pais la gente también muere de alcoholemia, tabaquismo y otras hierbas. La historia de las drogas es tan larga como la humanidad. No obstante la irrupción de la heroina de forma masiva en los lugares y momentos adecuados da para analizar sus causas en un mundo en que casi nada es fortuito.
ddaa
1 juny 2010, 12:56
6Desde luego que da para analizar sus causas, pero de la forma en que lo hace Usó en su artículo (es decir, con esfuerzo y consulta de las fuentes pertinentes), no a base de repetir como papagayos lo que, en esencia, es una leyenda urbana.
Por supuesto que ha habido y hay una relación entre la CIA y el tráfico de drogas, pero a niveles más altos y por razones geopolíticas. Alfred McCoy investigó esta relación hace décadas, pero por motivos evidentes sus hallazgos no han sido muy bien recibidos por los media:
http://es.wikipedia.org/wiki/Alfred_McCoy
De haber alguna motivación para el entramado drogas/armas/dinero negro, tendría que ver con la Guerra Fría, y no con la desmovilización política de los jóvenes.
Canti
6 juny 2010, 02:22
7Por lo que respecta a “La versión ácrata del asunto” es particularmente grave que Ribas siga insistiendo en la presencia de una mano negra. Parece que todo vale: en definitiva extermalizar la culpa, cualquier cosa antes de aceptar que nos equivocamos, dilucidar las contradicciones del movimiento contracultural, intrínsecas a los valores generacionales que representábamos, y del hecho que no supimos ni organizarnos ni dar una respuesta al sistema. No ponen a nadie una pistola en el pecho, no. La heroína no escapa a las reglas del mercado: una mercancía se vende cuando los consumidores la demandan. Y la transición engendró suficiente dolor y frustración como para que algunos necesitásemos un buena cantidad de substancias narcóticas. La publicidad (lo que algunos han descrito como publicidad, fenómenos tipo Burroughs o Lou Reed) no precedían la entrada de la heroína si no que llegaron mas tarde a confirmar lo que ya habíamos visto. La dialéctica que describe Oriol Romaní (tomada de Hall) entre un polo activista y un polo expresivo característica de muchos movimientos revolucionarios había sido aniquilada. En estas circunstancia el polo expresivo o acepta claramente la derrota en un suicidio colectivo o se encierra en si mismo, en lo personal, en lo psíquico, estético que es, al fin y al cabo el “combustible” de la rebelión. No ya durante la transición si no en los años anteriores, cuando los partidos políticos tomaban posiciones, fueron años de rupturas sucesivas, solidaridades perdidas y puñaladas traperas, que todavía duelen, de las cuales casi nadie quiere hablar. Y en el último escalón de la cadena quedó el miserable y esticmatizado yonkie.
Ahora el yonkie ya no es el enemigo público número 1 que fue. Ahora es un enfermo con su etiqueta pegada en la frente y su ración diaria de cárcel química (léase metadona). Sin embargo todavía incómodo, el tabú sigue vigente y cualquier intento que hagamos para entender estas dinámicas estará condenado a las críticas más feroces. Sin embargo un cierto sentido de justicia con los que sucumbieron nos obliga.
Los verdaderos culpables de tanto desastre son los responsables de la prohibición y sus secuaces. En este país la crisis fue más grabe porqué topamos con unos responsables de la salud pública poseídos por una moralidad puritana y trasnochada, unos médicos miserables y farmacéuticos incompetentes.
@ddaa
En buena dirección apunta el link a Alfred_McCoy en wikipedia, hacia la comprensión del entramado de los grandes bussines a escala mundial.
ddaa
8 juny 2010, 01:55
8De acuerdo en todo, Canti, menos en esto
“La publicidad (lo que algunos han descrito como publicidad, fenómenos tipo Burroughs o Lou Reed) no precedían la entrada de la heroína si no que llegaron mas tarde a confirmar lo que ya habíamos visto.”
La lectura de “Yonki” a los 17 años me sirvió para darme cuenta de que la heroína (y el modo de vida a ella asociado, al menos bajo la prohibición) no me interesaba en absoluto. Puede que a otros les sirviera de manual de empleo o de libro de cabecera, pero Burroughs cuenta sin el menor glamour su experiencia y es casi espartano en la descripción de los placeres opiáceos. La verdadera publicidad (la de los medios de comunicación) sí precedió al uso extendido de la heroína (nunca diría “masivo” porque, contra la leyenda de “toda una generación enganchada, etc, etc.”, el consumo fue siempre minoritario), y está perfectamente documentada en trabajos como este de Gamella:
La campaña publicitaria de 1978.
La segunda mitad de 1978 fue un período seminal en la crisis de la heroína en España, no tanto por la extensión de los usuarios, que crecían pero eran aun muy pocos, como por la atención pública concentrada en el tema y por los esfuerzos variados por crear “conciencia social” respecto al problema.
El sentido “epidémico” fue entonces masivamente promovido por primera vez, basándose en la existencia de un puñado de casos locales. La orquestación de las noticias alarmantes sobre esa droga alcanzó un crescendo en ese momento, funcionando quizá como una campaña de promoción del nuevo producto y las técnicas de administración asociadas. Resalta la sincronía y coordinación de los medios de comunicación (prensa, televisión, industria editorial) y las instituciones (gubernamentales y no gubernamentales) en su respuesta. Se aprovecharon los primeros síntomas locales para lanzar una campaña de promoción que hoy sonroja tanto por los actores que la llevaron a cabo como por los métodos y conceptos utilizados, para “concienciar” a la ciudadanía del problema que se avecinaba. Paneles publicitarios con mensajes como “La droga mata”; reportajes periodísticos sobre las muertes por “sobredosis” (alguna debida a un envenenamiento con cloroformo en un robo de heroína); los primeros “tratamientos” (dar metadona para que se la inyectaran “adictos” al LSD); y reiteradas referencias a una realidad norteamericana en películas, discos y libros popularizados entonces, contribuyeron a hacer del consumo intravenoso de heroína una realidad “presente” y una opción social válida (véase Gamella 1989). El problema masivo de la heroinomanía estuvo en los medios de entretenimiento y comunicación antes de estar en la calle. Resulta dramático pensar que en aquella fase previa todavía hubiera podido actuarse eficazmente y reducir considerablemente el ámbito de extensión de la crisis y de los daños que ésta iba a causar.”
“Heroína en España (1977-1996). Balance de una crisis de drogas”
http://tinyurl.com/y8pz8yv
Canti
12 juny 2010, 07:36
9La mili entre marzo de 1973 y agosto de 1974 marcan para mi un antes y un después. Antes de 1973 solo en una ocasión probé Ipecopan (un jarabe rico en opiáceos) por vía intravenosa. Después del 1974 puedo confirmar la existencia de un trapicheo de morfina procedente de farmacias. Llamábamos tiza a este tipo de morfina que nos chutábamos y a menudo canjeábamos por speed. La entrada de heroína en Barcelona fue lenta y intermitente y tubo lugar entre 1974 y 1978. Yo propondría estos años como el “periodo seminal”. No estamos todavía ante una “crisis de la heroína”, y la sociedad no lo percibía todavía como un problema. El uso era muy minoritario y la tomábamos de forma intermitente, durante períodos cortos, días, a veces semanas, dos meses… Cuando se terminaba no pasábamos síndromes de abstinencia sino un par de días de malestar parecido a un estado gripal, lo cual encaja con lo que afirma Gamella (cuando cita a Peele): “una droga parece ser mas adictiva en una sociedad o período determinado que en otros”.
No deja de ser curioso lo que cuenta el Dr. Monegal, citado por Gamella, ante el primer caso de ingreso de dos “toxicómanos” por orden judicial y escoltados por la policía. Puedo afirmar que en 1977 esta minoría ya no era tan minoritaria y sistemáticamente cualquier demanda de ayuda médica en estos años chocaba en Barcelona contra las caras estupefactas de los médicos y su rotunda negativa a suministrar cualquier clase de tratamiento.
¿Qué sabían las jóvenes españoles sobre la heroína en aquel momento? Es verdad: poca cosa, pero también es verdad que en torno a ella ya circulaba una cierta leyenda de “fruto prohibido”. Cuando una minoría contracultural rompe con los tabúes de aquella sociedad, el uso de la heroína significaba una doble trasgresión porqué su administración requiere el uso de una jeringa (en estos primeros años de cristal, antes que existieran las de plástico desechables) y el echo de auto inyectarse es y tiene un significado de agresión corporal que proporciona al usuario un estatus diferenciado. Probarla se convierte en una iniciación y el reconocimiento de unos rituales. El neófito necesita un experto que le prepare la dosis y le enseñe a chutarse. Transgresora y diferenciada esta minoría rompe con las huestes contraculturales fumetas y lisérgicas que a su vez marginaron y estigmatizaron a los heroinómanos.
Dando por supuesta la existencia de este “periodo seminal” más dilatado en el tiempo afirmaba hace unos días que la actuación de Lou Reed en 1975 y la publicación del libro de Burroughs en 1976 no precedían a la entrada de la heroína si no que llegaron mas tarde a “confirmar lo que ya habíamos visto”. La existencia de un periodo seminal mas largo también reafirma la tesis de que no fue una acción puntual y planificada por una mano negra sino un proceso complejo donde intervienen multitud de actores movidos por el lucro económico.
Completamente de acuerdo en que Burroughs es “espartano en la descripción de los placeres opiáceos”. Para Burroughs es más importante retratar a un personaje que vive fuera del sistema, victima de sus propios deseos y la visión de la realidad que aporta. Sin embargo pasan más desapercibidas las Confesiones de un inglés comedor de opio de Thomas de Quincey que fue publicado en castellano durante esta época y recrea extensamente las ensoñaciones del opio.
Volviendo al tema del documentado artículo de Juan Carlos Usó sobre la construcción de la leyenda, pienso que en el marco internacional algunas novelas alimentaron la formación del discurso conspirativo. El novelista americano Robin Moore autor del libro The French Connection inspirador de la película homónima de 1971. James Ellroy autor de Siete de los Grandes, donde describe, basándose en documentos de la CIA debidamente falseados, como desde los 60 las mafias americanas trazaron un plan para limpiar Las Vegas de negros.
Desde mi punto de vista, la novela fue más eficaz que la propia historia en la construcción de significados creíbles. No puede sorprendernos la buena acogida de estas interpretaciones cuando, precisamente desde las “huestes contraculturales” se puso en cuestión la misma ciencia y las ciencias sociales no fueron una excepción. Pero pasada la fiebre contracultural, o todavía bajo sus coletazos, creo que ya va siendo hora de (utilizando palabras de Usó) “lidiar con las complejidades de la historia y la interacción política”.
Eduardo
23 juny 2010, 01:00
10Bona nit.
Enhorabuena por el artículo, Juan Carlos, y enhorabuena, también a los comentaristas… vaya level, companys.
Yo también había pensado comentar algunas cosas sobre lo escrito y sobre lo comentado, pero es tan tarde y me he vuelto tan vago desde que estoy en el bendito paro que, como que paso… de entrar en matices.
Aun así, no quisiera dejar de hacerles una consultilla al hilo este de las bienaventuradas manos negras que, desde hace décadas, se ocupan de endrogar selectivamente a los jovenes mas “concienciados” de cada generación para zombificarlos y transmutar sus inquietudes y potenciales militancias socio-políticas en auténticas pasiones desbocadas y en militancias anti-sociales mucho más beneficiosas, positivas y llevaderas para el Estado de las cosas, de la nación y de gracia.
A lo que iba, lo que quería comentarles es que, puestos a hablar de los poderes ocultos que nos endrogan como forma de manipularnos y manejarnos, como que el tema de las drogas desmotivantes y desmovilizadoras está ya muy, pero que muy trillao, ¿no? Como que sale a colación cada dos por tres, y no sólo al respecto de la heroína, sino que, también, de otras tantas drogas, como el cannabis o la ketamina… Curioso, por cierto, el caso de la K, que, aun hoy en día, en círculos abertzales y afines es presentada como una sustancia introducida por el gobierno francés y por el español, de nuevo, para desmotivar a la baska. Curioso que estas teorías conspiranoicas o como las queramos llamar, se creen alrededor de drogas “de paz”, por decirlo de algún modo. Tan curioso como que, por el contrario, no circulen en modo alguno o que lo hagan en mucha menor medida las mismas teorías en referencia a otro tipo de sustancias, como por ejemplo, el speed, una “droga de combatientes” en toda regla. Curioso que, al hablar de la heroína, se insista una y otra vez en destacar la cantidad de yonkis que había en el País Vasco (en los 80, en el barrio de Tetúan seguro que, proporcionalmente, había más yonkis que en Nueva York y que en San Sebastián) y se aluda a lo que sucedió allí en esos años como una prueba de cargo casi incontestable de la intervención del Estado para desmotivar a las juventudes más combativas. Curioso, también, que no se diga nada, o muy poco (bueno, seguro que Juan Carlos tiene una pila de recortes de prensa y artículos que abordan la cuestión desde todos sus flancos ja ja ja), al respecto de que Euskadi sea, también desde los años 80, el lugar donde más anfetamina circula de toda España, donde más speed se consume, donde más speed se produce, donde más speed se vende y se exporta al resto de la nación, donde tiene unos precios irrisorios en comparación con los que tiene en cualquier otra parte de la Península y ya, de por sí, es bastante barato. ¿Qué pasa con el pitxu en Euskal Herría? ¿Por qué hay tanto? ¿Por qué, si ha habido y hay más pitxu que heroína hubo en su día o que ketamina hay actualmente, y siendo tan grande la diferencia con el resto de las regiones españolas, se habla de manos negras para el jako y la k pero no para el espitxu? ¿Hay mano negra en el caso del speed o no la hay? ¿Qué mano negra podría haber? ¿Con qué finalidad podría intervenir? ¿Qué factores explicarían el caso del speed en Euskadi sin necesidad de acudir a conspiranoias y manos negras? ¿Qué factores explicarían que no se hable de manos negras para las drogas de combatientes pero si para las drogas de paz?
En fin, como les decía:
Bona nit!
Igor
24 juny 2010, 10:26
11Como a mí los ochenta me pillaron balbuceando mis primeras palabras, entre las cuales no aparecían las palabras Estado, drogas, heroína, etc., poco puedo añadir de mi cosecha al artículo, salvo reiterar la enhorabuena por la meticulosidad documental, sin rebajar el listón al que nos tienes acostumbrados, JC. Y las intervenciones, para quitarse el sombrero. Lástima que el sensacionalismo y la leyenda urbana se extiendan como la pólvora y acaben trastocando realidades en el imaginario colectivo.
ddaa
25 juny 2010, 01:06
12Estupenda aportación, Eduardo.
Ya que estamos, se acaba de presentar un informe sobre la heroína elaborado por la comisión clínica del PNSD:
la noticia en El Mundo
Una de cada cuatro personas que prueba la heroína desarrolla una adicción
El pdf del informe:
Heroína. Informe nº 5 de la Comisión Clínica
Paco López
28 juny 2010, 01:57
13Una vez más, Juan Carlos, manifiestas tu amplio conocimiento del saber en esta materia. Hace unos años no me hubiera atrevido a contestar o participar en un blog tan interesante como el tuyo. Hace menos tiempo, podía haber creído que cada uno estábamos ante una orilla y que los dos trabajábamos y aportábamos soluciones al mismo tema. Hoy, 25 años después de estar trabajando en el tratamiento de esta realidad, y casi 30 años estudiándola… y lo que es más importante, muchos más conociéndola… tengo que pensar que estamos en el mismo mar.
La verdad, Juan Carlos, es que es un artículo muy interesante. Que te hace pensar, en tu caso manifestar, que la droga hizo su mayor “masacre” en los barrios donde vivían los hijos de las clases más luchadoras, dentro de las ciudades más reivindicativas… en sí, comprometidas.
Ya el padre Llanos, cuando tuve la oportunidad de conocerle o muchas otras personas, siempre coincidían en esta idea.
Me has devuelto al Vallecas que conocí en los años ochenta, al Pozo del tío Raimundo, aquel despertar trágico de San Blas, en mi ciudad. Y, efectivamente, aún recuerdo lo que vi. A lo mejor no me atrevo a decirlo pero por lo menos debo de darte la razón en muchas cosas que planteas en tu artículo.
Creo que era como una forma de anular una generación que se temía de lucha y de compromiso para hacer una estrategia pacífica con una juventud a la que le quitaron las ideologías, creencias y, a cambio, les invitaron a que hicieran un mal uso de sustancias que generan dependencia y alienación. ¿Querrá la memoria, eso que llamamos memoria histórica, hacer justicia para tantos miles de jóvenes que murieron en esa situación?, ¿Querrá algún día alguien estudiar nuestra transición política y las drogas? ¿Querrá alguien levantar la cara y decir que nosotros y nosotras, los magníficos profesionales en drogodependencias - yo el primero - no supimos tratar a los que años después llamaríamos pacientes y que en aquel momento muchos llamaban delincuentes, y que aún hoy tenemos en las cárceles?
Hoy con la “gripe A” ni se han contagiado los pájaros que tengo en el balcón. En cambio, cuantos miles de jóvenes se contagiaron del VIH. ¿Qué hicimos para prevenirlo?
Parece que hayamos hecho un pacto de silencio. Gracias por romperlo y generar este debate que espero que devuelva al movimiento no gubernamental, que nos hemos quedado como mano de obra barata para tratar las adicciones, la conciencia de clase para reivindicar hoy lo que vemos y resarcir a quienes en el pasado vivieron esa situación, para que se les dé hoy lo que se merecen.
De nuevo, gracias, por verter a la historia estas hipótesis que, en muchos casos, serán demostradas y podrán ser contrastadas por los que aún viven, víctimas de esos tiempos de silencio… que tú muy bien denominas como “conspiranoia”
Paco López, Fundación Patim de la Comunidad Valenciana
ddaa
29 juny 2010, 10:48
14Creo que Paco ha sacado unas conclusiones diametralmente opuestas a las que cabría esperar de una lectura atenta del artículo de Juan Carlos
Por lo demás, se acaba de dar a conocer esta manifiesto, muy relacionado con lo que hemos venido tratando, y creo que merece la pena leerlo y firmarlo, a ver si las autoridades sanitarias empìezan a comportarse como tales y no como agentes infecciosos.
La declaración de Viena
Pau Salvador
30 juny 2010, 12:37
15A propòsit del teu article, a l’article de John Zerzan “La psicología de masas del sufrimiento” explica:
“El millón de hombres rechazados por las fuerzas armadas durante la II Guerra Mundial debido a su “ineptitud mental”, y el constante aumento de dolencias relacionadas con el estrés que se observó desde mediados de los cincuenta, llamaron la atención sobre la naturaleza enormemente paralizadora de la alienación industrial moderna. Se solicitó ayuda financiera al gobierno, que respondió con la legislación federal de 1963 sobre Centros de Salud Mental Comunitaria. Armada con drogas tranquilizantes, relativamente nuevas, para anestesiar a los pobres y los parados, se inició una nueva presencia estatal en áreas urbanas hasta entonces fuera del alcance del ethos terapéutico. No es de extrañar que algunos militantes negros vieran en esos servicios de salud mental un nuevo sistema más refinado, de pacificación policial y de vigilancia de los guetos” (pág. 51).
És aplicable aquí també la teua tesi?
D’altra banda se m’ocorren temes semblants a explorar:
Podem reduir els problemes mentals a una mera estratègia de control social?
Podem reduir el consum d’ansiolítics a una mera campanya propagandística de la indústria farmacèutica?
Podem reduir el consum de psicofàrmacs a les conseqüències nefastes de l’alienació moderna?
Al darrerre d’aquestes preguntes planegen –com em vas dir lúcidament– conceptes empeltats de cristianisme com el de la culpa. Hauries de fer un article: la presència del cristianisme en la moral radical.
Llegint el teu article també m’ha vingut al cap el desenvolupament històric de l’anàlisi dels efectes de la comunicació. En concret, el model behaviorista (1920-1940), conegut també com teoria hipodèrmica. En aquesta època els efectes no seran estudiats directament, perquè es pressuposa la total capacitat dels mitjans de comunicació per influir en el comportament del receptor. Això era degut al fet que es pressuposava que entre el comunicador i el receptor individual no existia cap instància mediadora: a una estimulació continuada li correspondria un comportament deduït (“Efectos de la comunicación social”, pàgs. 425-435, dins del Diccionario de ciencias y técnicas de comunicación).
Estic d’acord amb tu que aquells que atribueixen al consum d’heroïna el defalliment del moviment llibertari dels 70 cauen en un simplisme d’arrel conductista. Estic d’acord que “pressuposicions” i “tu ja m’entens” són culs de sac i apories conceptuals que no deixen avançar i confonen.
Llegint una conferència de Foucault (“Las redes del poder”) m’ha fet pensar també indirectament en el teu treball. Foucault afirma que la delinqüència té una certa utilitat economicopolítica ja que alimenta la sensació de por entre la població i fa més acceptable i desitjable el sistema de control policial. L’existència d’aquest perill intern permanent és una de les condicions de l’acceptabilitat d’aqueix sistema de control el que explica per què en els mitjans de comunicació es concedeix tant d’espai a la criminalitat com si es tractés d’una novetat de cada nou dia. Des de 1830 –sosté Foucault– en tots els països del món es desenvolupen campanyes sobre el tema del creixement de la delinqüència, fet que mai havia estat provat, però aquesta suposada presència, aquesta amenaça, aqueix creixement de la delinqüència és un factor d’acceptació de controls.
Pensava jo si es podria fer algun tipus de paral·lelisme històric entre les campanyes contra les drogues i les campanyes contra la delinqüència. Al capdavall, la delinqüència garanteix realitzar tota una feina lucrativa que la societat condemna (tràfic de cossos, de drogues, de capital…) però que està dotada d’una gran utilitat econòmica que acaba revertint d’una forma o altra sobre la pròpia societat. Podem establir algun tipus de relació entre el problema de la delinqüència i el problema de la droga?
I afegeix Foucault: “[…] vivimos en una sociedad en la que el crimen ya no es más simplemente ni esencialmente la transgresión a la ley sino el desvío en relación con una norma”. Com a exemple diu que la majoria dels delinqüents són tractats per psiquiatres i psicòlegs com si fossin malalts.
En el consum de tòxics, ens desviem de la norma i ens saltem la llei, o siga que la societat jurídica ens castiga i la societat de la normativització ens marca. Estem atrapats tant per la llei com per la biopolítica. Sembla que tenim uns quants números de la rifa per caure en mans de l’aparell repressiu clàssic juridicopolicial o de l’aparell repressiu religiós modern (les escoles del psi). L’autonomia del subjecte sembla estar fora de l’agenda pública en aquesta qüestió. Si consumeixes acabaràs malalt i/o en mans de la justícia.
Observe una relació ambivalent de la nostra societat amb el consum de drogues il·legals. D’una banda, es condemna i es persegueix en nom de la Llei, de l’altra, és una de les indústries de major generació de diner. A petita escala, la santa Llei actua, a gran escala és un element de dinamització de l’economia mundial.
Acaba Foucault: “[…] si usted admite que la función del poder no es esencialmenjte prohibir, sino producir, producir placer, en ese momento se puede comprender, al mismo tiempo, cómo se puede obedecer al poder y encontrar en el hecho de la obediencia placer, que no es masoquista necesariamente”.
Com escapar per tant a la llei i al control que exerceix el poder sobre els nostres cossos i vides a través del seu règim de promoció libidinal i d’apologia hedonista?
Retorn a l’ascetisme? No és ingenu parlar d’autoregulació en una societat d’estímuls constants i de barroquisme asfixiant? Com no desitjar allò mostrat com a “desitjable” a tothora? Com netejar el desig de tant condicionant cultural? On queda la nostra llibertat? Què fem amb la potència de vida? Com canalitzar-la i donar-li via?
Canti
2 juliol 2010, 12:09
16Una nota técnica
Recomendamos no usar guiones en los comentarios. La web interpreta el texto entre guiones como tachado. Intentaré corregir manualmente los comentarios que contienen texto tachado.
PACO
2 juliol 2010, 10:09
17No entiendo que tomando como referencia la pluralidad de opiniones que acompañan el texto de Juan Carlos, mi conclusión se “opuesta a la que cabría esperar”. ¿A la que cabría esperar por quién o por qué estamento? Todos aportamos respuestas desde nuestra experiencias y posiciones. De todos modos, ddaa, perdona si te he molestado.
ddaa
2 juliol 2010, 12:52
18No me ha molestado en absoluto, Paco. Por “cabría esperar”, me refería (es mi opinión personal, no metamos a “estamentos” de ningún tipo en la discusión) a estos párrafos, donde pareces dar pábulo (corrígeme si me equivoco) a la conspiranoia que intentar desmontar JC con su artículo.
“Creo que era como una forma de anular una generación que se temía de lucha y de compromiso para hacer una estrategia pacífica con una juventud a la que le quitaron las ideologías, creencias y, a cambio, les invitaron a que hicieran un mal uso de sustancias que generan dependencia y alienación. (…)
De nuevo, gracias, por verter a la historia estas hipótesis que, en muchos casos, serán demostradas y podrán ser contrastadas por los que aún viven, víctimas de esos tiempos de silencio… que tú muy bien denominas como “conspiranoia”
Ese “serán demostradas y podrán ser contrastadas” es lo que falta. Estaría bien que alguien se animara a hacerlo, siempre con un esfuerzo similar o superior al que ha puesto Juan Carlos en el artículo que estamos discutiendo.
Pere
4 juliol 2010, 10:11
19Cayó en mis manos este artículo hace unos días a traves de un compañero de trabajo, a la vez que llevo días pensando en aportar mi granito de arena al tema. Aunque cada vez que oigo hablar del CABALLO me entra el pánico y me vienen a la memoia historias y situaciones que me siguen marcando día a día.
El artículo no tiene desperdicio así como las intervenciones posteriosres. Reconociendo vuestros conocimientos del tema y un efectivo manejo de la palabra. Por lo que creo que “una opinión” mas de a pie de calle quizá podría ser útil e incluso conveniente.
Me presento aquí con 50 años a mis espaldas (26 con un alienigena dentro) y unos recuerdos tan presentes que incluso llego a palpar. Aunque soy de Castellón por los años 1975 yo estudia en Catalunya en lo que llamaron Universidades Laborales, concretamente concretamente en la U.L. Francisco Franco para mas inri.
La vida entre ambas ciudades era bien distinta. Mientras en Tarragona la “H” ya comenzaba a funcionar por algunos antros , en Castellón no era mas que el capricho de unos pocos que o bien la habian conocido en algun viaje (India, Turquía) vacacional pagado por papá o por que aqui se identificaban como progres y tenían contactos con gente de otras ciudades colindantes, sobre todo Valencia.
Como bien se comento antes, como en otros lugares, Castellón era una panacea en cuanto a material farmaceútico se refiere. Conseguir anfetaminas, barbituricos o hipnóticos era tan simple comprar caramelos Sugus. Otros optamos por el opio seco, y toda clase de mórficos com Pantopon, Trilitrate, y toda clase de polvos blancos que se conseguian con suma facilidad.
Entre tanto la Policía perseguía a los fumetas y homosexuales como delincuentes potenciales, dejando un camino limpio y despejado a otra sustancia de la que no conocian mas que el nombre. Menos aun lo que se les venia encima en cuestion. Asi pues creo recordar que sobre el 1977 los futuros adictos ya teniamos las venas como coladores.
Poco mas tarde con la entrada potencial del caballo en mi ciudad la única excusa para no consumir era el miedo al pinchacito de la aguja. Pronto desaparecio este miedo y hasta los jilgeros tenian en los brazos tales carrerones, que era difícil distinguirlos de tatuajes con tinta de sangre.
Teoría de la conspiración?. Mi mente no llega a tanto como para pensar en la CIA o el FBI, pero tambien yo, como otros tantos, sacamos nuestras propias conclusiones: “No podian consentir que consumieramos practicamente gratis”. Asi, se retiraron de los Centros Farmaceúticos todas aquellas sustancias que entorpecian la economica labor de la Heroína. A consecuencia de ello de nuevo hubo un incremento de adicctos y de las cantidades consumidas . Cuestiones que a su vez conllevaron la necesidad de consguir dinero y mas dinero para pagarnos el vicio.
Si, para mi si pudo existir conspiración pero no le veo mas color que el económico. Aunque tambien podria agregarle manipución de masas. Donde si pienso hubo conspiración y malas artes, fue en el tratamiento de la desinformación. Puesto que información o bien no existía , o no la transmitían o no la quisimos reconocer.
La Tragedia de los 80 fue el VIH y no el polvo en sí. Si, mucha gente murío de sobredosis, mucha y muy buena, pero el bicho auna dia de hoy nos sigue carcomiendo las entrañas. La epidemia del sida se expandia a pasos agigantados y sabian/mos sus vias de contagio.
Nada se hizo en ambito de la prevención hasta que la cosa se les fue de la mano. Se nos negaban las jeringuillas obligandonos con ello a acudir a los regeros de huertos a buscar las que otros habian deshechado. Tambien la Policía aporto su roca de arena, tratandonos como vulgares delincuentes, aunque bien es verdad que acabamos siendolo, si te quitan tu dosis te obligan a buscar otra.
No se si esto habra servido para algo, pero no debo extenderme mas, si me gustaria dejar bien clara una cosa:
Ante la heroína información, prevención y reinsercción, nunca represión. Desde mi rincón un recuerdo para los que ya no estan.
ddaa
4 juliol 2010, 08:02
20Se agradece el testimonio, Pere.
Es mucho lo que podría comentar sobre él, pero me voy a centrar en la retirada de los opioides de las farmacias. Desde la perspectiva conspiranoica, se podría tomar como una medida impulsada por los poderes en la sombra para abrir paso a la heroína. Lo cierto es que (y lo menciona de pasada Juan Carlos) dicha retirada obedeció a la increíble oleada de atracos a farmacias que se dio por aquel entonces. Un artículo de El País nos da idea de la magnitud del problema:
“En 1977 hubo, tan sólo en Madrid y con la finalidad básica de obtener drogas, 718 atracos a farmacias (contra 750 en toda Francia, 528 en toda Italia y 1.500 en la República, Federal de Alemania, en el misrnó En tan sólo el primer trimestre de 1978 los atracos a farmacias en Madrid fueron unos 325.”
El 1% de la población de Barcelona, adicta a la heroína
Se conoce que a muchos consumidores no les bastaba con que estos sustitutivos fueran baratos, sino que los querían gratis. No tengo los datos a mano, pero supongo que, a medida que aumentaba el problema del uso no médico de opiáceos, se endurecieron las condiciones para acceder a ellos lo que, sumado a esta ola de atracos, en una espiral ascendente y retroalimentada, llevó finalmente a la completa retirada de las farmacias de cualquier sustancia mínimamente psicoactiva.
Pere
6 juliol 2010, 12:33
21Completamente de acuerdo contigo DDAA, no es excusa estar enganchado o el simple hecho de ponerse “ciego” para delinquir. Pero no cabe duda que en los 80 y tras largos años de represión, la alegre juventud se acogiera a cualquier cabo. Y desde luego era mucho mas fácil atracar una farmacia que un banco.
De hecho la cosa fue asi, se paso de los atracos (robos) y falsificaciones de recetas, a los atracos y robos a bancos, y al trapicheo de pequeñas cantidades de droga para paliar los efectos de la abstinencia. Esto lleno las calles, mas si cabe, de pequeños ninots, que luego fueron llenando cementerios.
Yo no voy a preocuparme de si hubo o no juego sucio, que lo hubo. Quitarle el chupete a un niño con hambre es dejarlo llorar desconsoladamente hasta que le des el biberón. Pero si debo preocuparme de que quienes ahora manejan el cotarro no sean tan inoperantes como lo fueron entonces. Tanto políticos, como médicos, como nuestros queridos Cuerpos de Seguridad del estado.
Creo que deberiamos haber aprendido la lección todos, y caso de un nuevo ataque de los indios, no los aniquilemos ni los dejemos tirados, saquemoslos del desierto y llevemoslos a las praderas, eso si, sin dejar a nadie en la cuneta y atendiendo a nuestros heridos.
Enrique Fornes
9 juliol 2010, 12:42
22Gracias Juan Carlos. Tu artículo me ha gustado mucho. Haces cosas que, si no la haces tú, no las hace nadie.
¿La intención de vender heroína fue una intención dolosa de esclavizar el pensamiento, matar los ideales, conseguir confidentes, servir de excusa para la represión o para la llegada de un líder salvador?:
En mi opinión “No”. La intención fue ganar dinero.
Y para ganar dinero la policía (Guardia Civil especialmente), por supuesto que se valieron de espías y confidentes para vender la heroína, al igual que hace actualmente para vender todo tipo de drogas, armas y prostitución. En España y en todos los países del mundo.
Por supuesto que las Fuerzas de Seguridad son responsables directos de la venta de heroína. No hay más que leer el apartado “corrupción institucional” de la web de Juan Carlos “mundoantiprohibicionista”, la web más prestigiosa sobre drogas, y saber un poco de la historia del contrabando.
Vender “sin prospecto”, sin cultura, la heroína en esa época, en esos barrios de ciudades, fue como alcoholizar sin límites a los indígenas americanos que vivían libres y ociosos. Una salvajada. Y a los indios se les vendía alcohol porque lo pagaban, no para vencer su espíritu rebelde. Las drogas gustan mucho a las personas, al homo sapiens, son peligrosas, y se necesita cultura para tomarlas.
Sobre lo que hizo ETA, una campaña de intimidación y asesinatos contra presuntos traficantes, hubiera sido más civilizado promover la cultura en drogarse, aunque me parece correcto lo que hicieron. ¿Algún forero sabe algo sobre la efectividad de esta campaña? Tengo entendido que fue “mano de santo”, que acabó radicalmente con el consumo de heroína en Euskal Herria, mientras en España se siguió consumiendo heroína 15 años más.
Pregunté hace poco tiempo datos al PND sobre el consumo histórico de heroína en las distintas Comunidades Autónomas y……no tienen datos!!!!. ¿Cómo es posible que no tengan datos del consumo histórico de heroína?
En cuanto a la labor de los Gobernantes, si se hubiera legalizado la heroína, si se hubiesen repartido jeringuillas en las cárceles, si se les hubiese facilitado heroína a los consumidores a bajo coste, los heroinómanos se hubieran tirado “en la cama aburridos” una temporada, y al final hubieran dejado el vicio, o éste se hubiera vuelto un consumo más responsable con total seguridad. En vez de eso, se promovió la marginalidad, con unos costes en atracos, sida y muertes que tienen valor incalculable.
Por último, decir que si doy crédito a la historia del “joven gitano” que cuenta Pepe Ribas. No es una historia “conspirativa” como dice Juan Carlos, es simplemente el relato de unos hechos, el medio de actuar de la policía para espiar y vender drogas (“su droga”), para ganar dinero.
ddaa
9 juliol 2010, 05:03
23Lo malo de tu tesis, Enrique, es que no respeta la secuencia cronológica de los hechos, a saber, que primero fueron los atracos a farmacias en busca de opioides y luego vino la heroína.
Sería raro que Juan Carlos no hubiera tenido en cuenta lo que dices, siendo él el recopilador de los casos de corrupcción institucional. No sé si has llegado hasta el final del artículo:
“En resumen, es probable que se dieran casos puntuales en los que algún agente institucional promoviese la heroína con intenciones “contrarrevolucionarias”, pero no hay pruebas definitivas que indiquen que dichos casos formaran parte de un plan a gran escala del Poder ―en mayúsculas― como estrategia de dominación y control social.”
En cuanto a ETA, siempre he defendido que sus asesinatos de camelletes de medio pelo (también hay algún caso en el que apuntaron más alto, como el de José Antonio Santamaría, ex-jugador de la Real Sociedad y muy posiblemente implicado en el narcotráfico) son más repugnantes que los de bebés en las casas-cuartel de la Guardia Civil, por cuanto los primeros podrían suscitar cierta simpatía entre la población general, mientras que los segundos causaban horror incluso entre sus partidarios.
Dudo muchísimo que estas “acciones” (por usar el asqueroso eufemismo con que se refieren a los asesinatos los asesinos y sus cómplices) tuvieran el menor impacto en el uso de heroína en el País Vasco, y me niego rotundamente a atribuir alguna virtud a esta política de “limpieza”.
Tampoco hay que olvidar que, dada la estrecha conexión que existe entre los mercados de armas y de drogas, ETA tuvo que pasar necesariamente por el trato con traficantes a los que (por el propio bien de sus militantes) no se atreverían a tocar un pelo.
Creo que, en esta cuestión, se confunde continuamente lo micro con lo macro. ¿Por qué llegó masivamente la heroína a toda Europa, y no sólo a España, durante los años ochenta? Pues muy sencillo: porque los muyahidines afganos necesitaban lanzamisiles (aparte de otras armas) para terminar con los helicópteros rusos, y de alguna parte tenía que salir la pasta. Si los años Setenta, con la guerra de Vietnam, fueron el momento del Triángulo de Oro (y esta estrategia geopolítica del Imperio tuvo su repercusión principal en las calles estadounidenes, mucho más que en Europa), en los Ochenta le llegó el turno a Asia Central como zona de producción, y a Europa como mercado de la heroína.
Un documental donde todo esto se explica de manera diáfana y sin recurrir a teorías de la conspiración de ninguna clase es, “Una relación infernal”, el tercer episodio de la serie australiana Drogas, tratar con el demonio
Como es improbable que alguna cadena de TV nacional lo vuelva a emitir, pinchen en el enlace.
Enrique Fornes
13 juliol 2010, 11:46
24DDAA, la droga se elabora con dinero y medios de la policía y el ejército, en todo el mundo.
Y la droga entra por los puertos y aeropuertos militares, con la custodia de militares y policías. Eso ocurre en todo el mundo.
Esto es muy curioso y útil saberlo: Siempre que se decomisa un alijo, es un alijo “de la competencia”. Competencia entre policías o militares. Siempre. A cambio de determinados trabajos, como prebenda o regalo, “se deja hacer” a ciertos militares y policías. Así funciona todo mercado negro, todo estraperlo, todo contrabando.
Y el espionaje, el “quiero saber todo de todos” es tarea también principal de militares y policías de todo el mundo.
El mercado de la droga, es una herramienta mundial más al servicio de la Conspiración. Tan solo eso, una herramienta más. La punta de la pirámide de los conspiradores, “el amo del mundo”, no lo conozco, aunque supongo es judío levita, al cual le importó nada la entrada de la heroína en los años 70.
Aunque personalmente opino que todo es una conspiración, niego la “conspiranoia” en torno a la entrada de la heroína en los años 70. Y más a la vista de este artículo “Nos matan con heroína” de Juan Carlos Usó, que por su rigor e interés considero definitivo, “de referencia” en torno a esta cuestión.
Niego expresamente que hubiera una “mano negra” conspirativa que introdujese la heroína para luchar contra los espíritus rebeldes. Se trató de un asunto de dinero.
Afirmo expresamente que los militares, la policía y la guardia civil, son responsables directos, el brazo ejecutor, de todo lo que sucedió y sucede en torno a las drogas.
“Si quieres te lo crees, o no”. Si quieres criterios y razonamientos sólidamente asentados, te los expondré en varios “post”, que son extensos. Mientras, visita más “mundoantiprohibicionista”, “MA” para los amigos de esta web de referencia.
Un saludo. E.
Dr. Garay
13 juliol 2010, 03:56
25Me parece totalmente indignante las alusiones a nuestro glorioso ejército y Guardia Civil. Debemos estar orgullosos de sus desvelos y trabajos para que todos vivamos mejor cada año. Nunca han ido más allá de aceptar algún cartón de tabaco como regalo, por su excesiva dedicación a su empleo. Y eso no es corrupción. En toda la historia de la Guardia Civil no ha existido un caso claro de corrupción. Repito: indignante.
ddaa
13 juliol 2010, 05:58
26No puedo visitar más de lo que ya lo hago Mundo Antiprohibicionista, Enrique. Si todo fuera tan sencillo como lo pintas, en México no estarían rondando los 25.000 muertos por la narcoguerra civil. Si a algo invita el artículo de nuestro común amigo Juan Carlos, es a no simplificar asuntos muy complejos:
No sé si el Dr. Garay está de broma, es un troll, quiere ser irónico o va en serio. Por si se tratara del último supuesto, en este enlace encontrará varios ejemplos de Guardias Civiles imputados, juzgados y condenados por su relación con narcotraficantes que, necesariamente, le llevarán a cambiar de opinión:
Un ejemplo entre decenas de ellos:
“- La fiscalía implica a 10 guardias civiles en la red mafiosa de Cataluña. La banda se hizo presuntamente con 400 kilos de cocaína que seguía la DEA. Los uniformados pasaron a orientar el ‘trabajo’ de los delincuentes. Se estableció un “fructífera empresa criminal” de dinero, drogas y coches (El País, 22/2/2009, p. 22).”
Corrupción – Datos oficiales
Xavier
13 juliol 2010, 07:21
27Querría, ante todo, felicitar a Joan Carles Usó por su magnífico y documentado trabajo. Efectivamente, es fácil apuntarse a teorías conspiranoicas y ver la mano negra de los poderes ocultos detrás de un fenómeno como el de la heroína. Y, efectivamente, aunque casos de maquiavelismo existen, en este caso los humanos solitos somos lo bastante ingenuos como para meternos en este y otros berenjenales de los que, eso sí, muchos grupos en el poder y en el hampa obtienen pingües beneficios.
La heroína en España afectó a los jóvenes de barrios marginales… y a jóvenes hijos de papá y de alto nivel adquisitivo. Yo he intentado ayudar profesionalmente, lo mejor que he sabido, a varios centenares de estos últimos, por haber trabajado unos años en un centro terapéutico de una zona acomodada de Barcelona. Nadie hablaba de ellos. No robaban en la calle con navaja, salvo en casos muy excepcionales. Tenían años para pulirse el patrimonio familiar y capacidades para procurarse dinero o sustancias sin llamar la atención social. Son menos, pero también hay menos ricos que pobres. Proporcionalmente… ¡vaya ud. a saber!
¿¿Poderes ocultos organizando la destrucción del espíritu revolucionario de la juventud?? Mmmm… No sé si la capacidad imaginativa de los citados “poderes”, al menos en la España franquista y de la transición, daba para tanto. En todo caso, con el paso del tiempo, deberían existir documentos, o personas con mala conciencia dispuestas a hablar. Y sin confundir la corrupción de cualquier estamento con la intoxicación social planificada, que creo que son dos cosas muy diferentes.
Campo pues interesante para quien quiera investigar seriamente, en base a algo más que suposiciones. Testigos no faltan, y habrá centenares de ellos vivos. Adelante. Mientras tanto, la verdad es que la teoría conspiranoica de la promoción deliberada de la heroína, que he escuchado en Euskadi, Polonia y otros lugares, me parece poco fundamentada.
Saludos a todos.
José Luis Vélez
14 juliol 2010, 11:12
28Soy hijo de guardia civil. Viví durante los años 70 y 80 en diferentes casas cuartel , y os puedo asegurar que alli SE TRAPICHEABA CON LA DROGA CONFISCADA. Era el negocio del negocio. El rizo que rizaba al rizo.
Observé durante muchos años como la benemérita hacía la vista gorda con muchos traficantes a cambio de la información obtenida.
Incluso puedo asegurar que se dejaban sobornar con facilidad.
Todo esto lo he visto yo con mis ojos y lo he escuchado con mis oidos.
Todo esto lo digo en alusión al comentario del Doctor Garay, que más bien parece que está de broma o es un iluso.
De toda la vida es sabido, como desde los altos mandos ( ejército, gobierno, puestos destacados…) se aceptan todo tipo de negocios corruptos, porque el dinero es tan goloso que domina y envuelve a todos los demás valores.
No creo en una conspiración, solo creo en el poder del dinero.
Sullivan
15 juliol 2010, 12:02
29Escribo indignado ante el comentario del señor José Luis Vélez, que generaliza de una corrupción puntual que vivio en primera persona en “diversas casas cuartel” en las que convivía con su familia.
Que coincidencia señor José Luis que siempre se encontraba usted fisgoneando cada vez que la guardia civil trapicheaba o se movía en la dirección corrupta.
Que coincidencia tan tremenda.
Y que raro que nunca denunciara estas cuestiones.
¿O si lo hizo?
Yo he sido durante muchos años vigilante aduanero. Mi trabajo se ha desarrollado en alta mar, jugandome la vida por detener a traficantes que iban armados hasta los dientes.
Los detenidos y los alijos de drogas incautados, llegaban con nosotros al puerto, donde nos esperaban las autoridades portuarias y la mayoría de veces , la prensa.
¿ Nos quiere usted convencer que nos dejamos sobornar por los traficantes en alta mar? ¿ya en tierra? ¿o que hacemos la vista gorda con unos barcos si y con otros no?
¿Como hacemos para que tanta gente haga la vista gorda en los casos de soborno?
¿Cómo hacían los guardias civiles que usted veía y oía en sus trapicheos para que sus altos mandos hicieran la vista gorda?
¿Cuanta gente de esas casas cuartel estaban en el soborno? ¿todos?
Su testimonio no me cuadra. Algo huele a chamusquina, José.
´"The gay of love"
15 juliol 2010, 01:44
30Fuente: 20 minutos.es.
“El cesto de manzanas podridas: 230 policías y guardias civiles corruptos están en prisión.”
Son las manzanas podridas. Y en las últimas semanas han aparecido demasiadas en el cesto, protagonizando historias dignas del mejor cine negro, de mafiosos y el hampa. Como la del inspector de policía José Gómez, condenado el mes pasado a nueve años de prisión por cobrar un soborno de 600.000 € del mayor narcotraficante de Palma de Mallorca, Francisca Cortés Picazo, alias La Paca.
Conviven en celdas de módulos separados del resto de internos por su seguridadO como la historia del teniente coronel de la Guardia Civil Alfonso López Rubio, en libertad tras pagar una fianza también el mes pasado, acusado de integrar una red de diez agentes que robaba droga a narcotraficantes. O como la de los dos coroneles de la Benemérita Francisco Javier García Peña y Luis Cuadri Duque, máximos responsables de la Comandancia de Baleares, condenados recientemente a tres años de prisión por desviar fondos públicos para comprar muebles.
Son los últimos nombres de una lista que actualmente componen 230 policías y guardias civiles, preventivos o condenados, que han cruzado la línea de la ley y están ya entre rejas. Repartidos en tres cárceles, Alcalá Meco, Sevilla y Logroño, conviven en celdas de módulos separados del resto de internos por su seguridad.
Los corruptos suponen sólo un 0,1% de los 144.000 policías y guardias civiles que hayLa mayoría han ingresado en prisión por tráfico de drogas y extorsión, aunque también hay casos de violencia doméstica y robos. Y es que el narcotráfico es el principal caballo de Troya. “Nuestros sueldos no son altos”, explican fuentes policiales, que no quieren dejar pasar por alto la oportunidad de resaltar el principal frente de batalla de policías y guardias con el Gobierno: un aumento de los salarios.
“Por eso a veces es fácil caer en la tentación cuando por tus manos pasan grandes cantidades de droga y dinero negro”. A pesar de que la cifra es impactante, estos 230 sólo suponen el 0,1% de los 144.000 policías y guardias civiles que hay en España.
La droga de Andalucía
Muchas de las operaciones de Asuntos Internos se realizan en Andalucía, comunidad clave en la entrada de hachís y coca en España. Interior aún investiga quién robó 100 kilos de cocaína y heroína el pasado mes de mayo en las dependencias de la Jefatura de Policía de Sevilla.
El resto de reclusos escupía en sus platos de comidaLa vida de los corruptos, como se llama a este grupo de internos, es bastante rutinaria en prisión. No pueden compartir las actividades lúdicas con el resto de reclusos. Reciben las visitas de familiares y psicólogos y sólo abandonan el módulo dos veces por semana para realizar actividades deportivas.
La integridad física de estos presos tan especiales es primordial. En la cárcel de Sevilla, por ejemplo, los corruptos recogen sus comidas directamente de la cocina porque se había detectado que el resto de reclusos escupían en sus platos, señalan fuentes penitenciarias.
La trama de los burdeles
Un juez de Barcelona ordenó ayer prisión incondicional para otro inspector de la Policía Nacional y prisión bajo fianza de 20.000 euros para dos abogados detenidos por su presunta vinculación en la trama de corrupción policial en prostíbulos de Barcelona. Son ya seis los agentes arrestados en esta operación.
En total hay 14 implicados. Entre los imputados figuran el ex jefe de un grupo de la Unidad Contra las Redes de Inmigración Ilegal y Falsificación (Ucrif), que se encuentra en prisión preventiva, y el actual inspector jefe de la unidad, quien eludió ingresar en la cárcel pagando una fianza de 2.500 euros. Están acusados de extorsionar a los dueños de burdeles de Barcelona para que no sufrieran redadas policiales.
http://://www.años 80.com
15 juliol 2010, 12:37
31He leido atentamente el foro, y quiero felicitar a su autor, Juan Carlos, por su trabajo de investigación.
No creo que la intención de este debate sea demostrar si 40 guardias civiles o 20 policías son corruptos, si la cesta de las manzanas está o no podrida. Eso es obvio y pasa y pasará siempre.
El dinero es muy goloso, simplemente, y es fácil caer en la tentación de conseguirlo si nos lo ponen en bandeja.
Eso no demuestra ni niega una conspiración en los años 80 para conseguir una lobotomía en masa de la juventud comprometida y políticamente de izquierdas; que es lo que deduzco se intenta demostrar aqui.
Creo que esta teoría, aunque no deja de ser muy interesante, está lejos de la realidad de aquellos años.
Los años 80 llegaron tras muchos de represión en todos los sentidos
(sexual, intelectual, politicos..). Todo había sido prohibido, y todo lo prohibido apetecía.
Llegó el destape, el amor libre, el consumo de drogas, la libertad de pensamiento…y todo esto nos pilló en pañales , desinformadosy sin saberlo asimilar.
La droga entro en las facultades, en la calle, en los barrios marginales y en los barrios pijos.
A ella se engancharon miles de jovenes de todas las clases sociales, pero fué la clase obrera la más llamativa, la que más problemas daría y de la que más se habló ( ya que tenían que delinquir para conseguirla).
No solo fueron los jovenes de barrios marginales los que encontraron consuelo en las drogas; muchas familias de clase alta, vieron morir a sus hijos de una sobredosis.
Si hubo alguna conspiración en los altos estamentos no fué otra ( en mi opinión) que la de hacer la vista gorda ante el floreciente negocio que empezaba a despuntar : El narcotráfico.
Ahi es donde hay que investigar, en la falta de información a los jovenes ( o la tardía información sobre los efectos letales de la droga), y en la posible vista gorda de la policía en muchos casos de narcotráfico.
Poderoso caballero es Don Dinero. Y entró Don Dinero, en la España pobre de los años 80.
Canti
15 juliol 2010, 06:06
32Como web master de la web sense nom quiero agradecer la cantidad de comentarios recibidos y en particular la participación en el foro de todos los que de una forma u otra, como usuarios de heroína, como profesionales médicos, terapeutas, juristas o funcionarios públicos... sienten la necesidad de expresar su punto de vista, sobretodo cuando los comentarios aportan nuevas cuestiones o reflexiones.
Quisiera llamar la atención sobre el uso de la palabra “droga” en algunos comentarios. (por ejemplo Paco López 28 de junio) Puedo entender que resulta difícil pero la complejidad del tema requiere ser muy exactos en los términos que usamos, sin caer por supuesto en un lenguaje académico, que no seria propio de la web sense nom. También he leído en alguna parte la palabra vicio, como siempre cargada de connotaciones denigrantes, cuando se hubiera podido emplear la palabra adicción u otro sinónimo.
Comprenderéis que no puedo entrar en detalle en cada uno de los comentarios, sin embargo quisiera destacar algunos temas que me parecen importantes.
Quiero agradecer a ddaa sus diversos comentarios y controversias puntuales siempre resueltas elegantemente. También a mi me sorprendió el párrafo de Paco, sin embargo el conjunto de la aportación de Paco es el de una persona preocupada por romper este “pacto de silencio”.
El extenso comentario de Pau Salvador, documentado y enriquecido con varias citas de Zerzan y Foucault requiere por si solo una velada de tranquila lectura. Pau lanza el guante a Juan Carlos Usó a profundizar en la presencia del cristianismo en la moral radical. Sin embargo Pau abre tantas preguntas que me veo obligado a pedirle desde aquí que se moje un poco más y nos regale con sus comentarios mas a menudo.
Agradecer sinceramente a Pere su comentario y a ddaa su respuesta del 4 de julio. Por lo que respecta al tema de los atracos en farmacias creo que hay que matizar y al comparar datos hay que tener en cuenta la situación política y carcelaria del estado español. El indulto real del 30 de Noviembre de 1975 y la posterior amnistía del 4 de Agosto de 1976 puso en la calle un buen numero de presos (recordemos que siguieron el la cárcel muchos presos supeditados a la ley de peligrosidad social). Todo esto se hizo sin ayudas a la población carcelaria, sin derecho a cobrar paro y en medio de un ambiente de celebración general. No nos puede extrañar pues que la demanda de substancias embriagantes “gratuitas” creciera al amparo de la crisis económica de 1977.
Yo no relaciono tanto el cierre del grifo farmacéutico a los atracos sino a la cerrazón que se extendió desde la política al colectivo médico y en último termino a las farmacias. En cualquier caso la relación entre heroína y delincuencia no es casual y el rol del yonkie como enemigo público no deja de ser un constructo social lanzado desde los estamentos y medios de comunicación y asumido por muchos de los propios consumidores que de esta forma se confirman en su malditismo y marginación.
En un principio marginación querida, auto aceptada: pasamos de vosotros, de vuestros valores. También son loa años del pre-Punk, del No Future y de la provocación como corrientes juveniles.
Sinceramente no se si interpretar el párrafo de Enrique Fornes del 9 de julio en clave irónica. Al igual que ddaa me niego “a atribuir alguna virtud a esta política de limpieza”. Y en cuanto a lo que dice Pepe Ribas del “joven gitano” intentaré colgarlo en otro comentario posterior.
Fornes
pase lo del judío levita como licencia literaria pero las simplificaciones tienen sus riesgos y no es extraño que luego surja un troll como el Dr. Garay, indignado y apelando a la gloria del ejercito. Para quien no lo sepa un troll es un comentarista que pretende hundir un foro en Internet. Lo mejor en estos casos es no caer en sus provocaciones. Poca cosa puedo hacer como web master y recomiendo no hacer caso de las provocaciones y centrarnos en el tema que nos ocupa.
El comentario de José Luis Vélez y la respuesta de Sullivan siguen en esta dinámica de desviar la atención del tema central. No tiene ningún sentido seguir documentando casos de corrupción policial y es recomendable seguir en la línea que apunta Xavier (13 de julio) cuando afirma la transversalidad de la heroína o relaciona lo de Euskadi con Polonia o el comentario de http:!!www.años 80,com. que nos retorna al tema central.
En resumen llamo la atención a responder las diversas preguntas que se han planteado y a aportar nuevos puntos de vista, como la pregunta de Eduardo del 23 de junio que ha quedado sin respuesta.
Canti
15 juliol 2010, 07:49
33Este es el polémico fragmento de “la historia del gitano”, publicada en Los 70 a destajo, Ajoblanco y libertad, José Ribas, RBA, Barcelona 2007, Págs.548 y 549. (Sin tu permiso Pepe; pienso que es importante en este contexto leer el fragmento citado. Aprovecho para recomendar tu libro)
“Una noche, mientras festejábamos el número con los jóvenes que también habían participado con breves narraciones y poemas, Toni y yo nos dimos cuenta de que los autobuses nocturnos que iban desde las Ramblas a la parte alta de la ciudad, donde vivía él, tardaban en llegar mucho tiempo, mientras que los de bajada en dirección a Can Tunis y la Zona Franca pasaban con fluidez. El asunto me mosqueó. Una noche decidí subirme a uno de aquellos autobuses y me encontré metido en un buen lío: descubrí la ruta de la heroína. El autobús municipal iba lleno de colgados con mono de caballo. Salí del apuro gracias a un joven gitano que amaba la música, despotricaba de las drogas y me guió por aquellas zonas de alto riesgo. Bajo ningún concepto pensaba probar yo la heroína. Era tabú. Desde siempre fue para mí un enemigo a batir por mucho que hubiera gente que la defendiese y tuvieras que callar tu opinión para no ser insultado: ¡Conservador! ¡Burgués! ¡Miedoso! ¡Puritano! Pero yo recordaba lo ocurrido con el underground sevillano, los tumbos de Lou Reed por el Palacio de los Deportes y la completa abulia de Nico en Fontclara. Frente a situaciones así, me quedaba con lo mío y no pronunciaba palabra.
La historia que me contó el joven gitano resultaba congruente: años atrás, cuadrillas de poca monta que trapicheaban con hachís merodeaban los domingos por el campo del Barça y robaban los radiocasetes de algunos de los miles de coches aparcados. Muchos de ellos acabaron en reformatorios o en la cárcel. Otros intimaron con carceleros y policías. Convenientemente formados, los soltaron en plena ola libertaria a cambio de cumplir ciertos servicios. Un día les llegó el encargo de cambiar de mercancía y dirigirla a determinados ambientes. Aquellos camellos de poca monta que trapicheaban con chocolate, polen, marihuana y ácidos adulterados se pasaron a la nueva sustancia. Las primeras partidas no fueron grandes y tampoco tenían precio. Eran las mismas tácticas que habían patentado los servicios secretos norteamericanos como arma de destrucción contra los Black Panthers y demás grupos radicales. Luego las extendieron por todo occidente.
El joven gitano me acompañó a El Polvorín de la Zona Franca, una especie de «fuerte» del Oeste norteamericano cercado por una tapia. Aquello era «territorio caló», los payos no eran bien recibidos y la policía raramente traspasaba el umbral pese a conocer lo que se cocía allí dentro. Sorprendía la impunidad y desconcertaba que los gerifaltes del negocio excluyeran la nueva droga de sus vidas. Al otro lado del Paseo de la Zona Franca, en las llamadas «casas baratas», la venta se hacía al por menor, sólo te vendían un gramo o dos, mal cortado, para aumentar beneficios. Con el enganche masivo empezó lo serio: había que buscarla y pagarla con dinero contante. El negocio aumentaba y las tragedias personales se multiplicaban. Recuerdo a un chaval de un ateneo de Hospitalet desesperado ante lo que veía, a otro de Mataró que se cayó de la moto persiguiendo a un camello. Fueron muchos los atrapados por aquella espiral de autodestrucción.
Los jóvenes libertarios se dieron cuenta de lo que les caía encima y advirtieron todo lo que pudieron contra la droga devastadora. Alguien del ateneo de Sants contó que, ya durante las Jornadas Libertarias, la Cruz Roja había informado de que alguien estaba pasando heroína de mala calidad, pero no se le dio importancia. Nueve meses más tarde, la epidemia orquestada era masiva.”
http://www.años80.com
15 juliol 2010, 08:40
34La historia del gitano es real y preciosa.
Solo unos párrafos , que son deducciones del autor, pueden ser o no reales.
“Un día les llegó el encargo de cambiar de mercancía y dirigirla a determinados ambientes. Aquellos camellos de poca monta que trapicheaban con chocolate, polen, marihuana y ácidos adulterados se pasaron a la nueva sustancia. Las primeras partidas no fueron grandes y tampoco tenían precio. Eran las mismas tácticas que habían patentado los servicios secretos norteamericanos como arma de destrucción contra los Black Panthers y demás grupos radicales. Luego las extendieron por todo occidente.”
La heroina no se dirigió a ningún determinado grupo de jóvenes en nuestro país. Simplemente se lanzó como un artículo de consumo con gran poder de adicción y por lo tanto : negocio seguro.
¿Fueron las autoridades permisivas con el nuevo negoció?. Posiblemente.
Pero el verdadero caos llega cuando pequeños grupos de policias entran en el negocio, cuando necesitan confidentes y levantan la mano ante los amigos traficantes , cuando el poder de la heroína comienza a dominar la voluntad de los consumidores y el afán de negocio y dinero adultera lo adulterado.
Al menos esa es mi opinión, que viví mi juventud en estos años.
ddaa
17 juliol 2010, 05:03
35Yo creo que no hay mucho que rascar en el relato de Ribas y, una vez más, se diría que la heroína llegó como una plaga de langosta o un bombardeo en alfombra (carpet bombing) pero, a diferencia de estos flagelos, la ingesta de drogas es siempre voluntaria, y nada es más fácil que “escapar” de la heroína (siempre que se usa esta expresión me imagino una papelina con piernas persiguiendo a los jovenzuelos).
A Ribas le vendría bien sustituir sus leyendas por historia. Por ejemplo, en el magnífico Sueños de Ácido' (Lee & Shlain), editado en España por Castellarte, se habla mucho de la Nueva Izquierda y de la contestación política de los sesenta/setenta. Los Panteras Negras, los Weathermen, los Yippies y la práctica totalidad de las organizaciones de la época estaban infiltrados por el FBI y otras agencias gubernamentales, hasta el punto de que el guardaespaldas de Abbie Hofmann (Yippies) era un agente del FBI. En el libro de Lee y Shlain se menciona que 250.000 estadounidenses trabajaban en aquella época como informantes para estas agencias. Según un informe de la inteligencia militar, uno de cada seis manifestantes en la famosa convención de Chicago era un secreta -convenientemente disfrazado de enrrollao, claro. Pienso que estas circunstancias tuvieron un peso mucho mayor en el derrumbe de la Nueva Izquierda norteamericana (incluídos los grupos más radicales e intolerantes, como los Panteras Negras, lo que no deja de ser una buena noticia) que las drogas.
También es muy recomendable buscar los testimonios de Jack Cole, antiguo agente antidroga, hoy arrepentido y miembro de LEAP, una asociación antiprohibicionista estadounidense formada por policías. Cole fue un testigo excepcional de aquellos tiempos (hablamos de principios de los setenta), y destaca que drogas como la cocaína o la heroína eran rarísimas de ver, que él y sus compañeros actuaban como agentes infiltrados entre los activistas de la época y conseguían altísimas condenas por algo tan nimio como que estos chavales les pasaran un canuto y, muy especialmente, hace notar que la marihuana tiene una enorme desventaja respecto a la heroína o la cocaína, y es que, a igualdad de peso, éstas son mucho más rentables y menos detectables, algo que explica mucho mejor, y sin necesidad de echar a volar la imaginación, la irrupción de la heroína por puras razones de lucro, que es y ha sido siempre el principal motor del narcotráfico -por no decir el único. Echo en falta entre los izquierdistas que se oponen a la heroína un mayor énfasis contra las leyes que posibilitan este lucro y una atención menor a la sustancia en sí. Y si la historia de los Panteras Negras nos llegó de EE UU y es tirando a falsa, yo creo que no lo es menos su versión autóctona.
Una larga entrevista con Cole
Jack Cole › End Prohibition Now!
Por cierto que las redes de tráfico de estupefacientes no dependen de una gran oficina central, que decide vender, ora hachís, ora heroína, ora cocaína, como si se tratara de los lanzamientos de primavera del Corte Inglés, sino que cada sustancia tiene sus propias redes y sus propias rutas, y rara vez se mezclan.
Miguel
18 juliol 2010, 05:30
36Después de leer el interesante artículo de Juan C Uso sobre las teorías conspirativas en la formación del fenómeno de la heroinomania, y las reflexiones de los comentarios, habría dos puntos mas que pueden ser considerados, y que de una forma no muy ordenada y deslabazada me atrevo a exponer.
a.- El mito de la heroinomanía
Para argumentar que introduciendo una droga pueden pararse las ansias de cambio hay que creer que una droga puede trasformar de forma generalizada a todos los que se animan, o a buena parte de ellos, en zombis manipulados, sin voluntad y sin deseo propios.
· Y efectivamente eso es lo que creyeron en su momento esos autores que defienden la teoría de la conspiración: la heroína de forma rápida esclaviza y deja sin voluntad a los que se han atrevido a usarla. Con esta percepción de la sustancia, queda claro que cualquier forma de introducirla, bien regalándola en los colegios de primaria, en los ateneos libertarios, en una residencia de ancianos, en las cortes, o a la salida del fútbol, etc… se conseguirá tener una legión de descerebrados que solo ansían a repetir la dosis. Es una buen historia, para películas de zombis y vampiros, pero no tiene nada que ver con usar y llegar a ser adicto a la heroína. Que la crean los psiquiatras es lógico, ellos viven de historias góticas similares, son especialistas en relatos donde las personas pierden la voluntad y el discernimiento.
· Esta concepción de la heroína que se lleva a la juventud, a los mas revolucionarios, a los hijos de familias bien (también a estos se decía que los llevan al infierno…) y a los mas valiosos de la generación (que de todo se dice y se dijo) se explicaba por el enorme potencialidad adictivo y por el insoportable síndrome de abstinencia. Esta imagen era creída y expresada en todos los medios de comunicación, en los círculos académicos, en los ambientes políticos, en los ambientes revolucionarios e incluso la misma ETA.
· Pero miremos, ese tipo de relato gótico por el que las personas pierden su control en beneficio de fuerzas oscuras es habitual en nuestro tiempo y en los medios de comunicación y en diversos sectores. Se ha relatado este mito en numerosos campos, especialmente en los relacionados con la juventud: cuando la policía cargaba contra los manifestantes de forma brutal se decía que los tenían encerrados bastante horas antes en el cuartel y drogados de anfetaminas se les soltaban contra los manifestantes, el efecto de la pornografía y el destape convertiría a la juventud y a las masas en seres sin principios morales, el divorcio destruiría la célula de la sociedad y llevaría a España al desastre, el éxtasis iba dejar miles y miles de jóvenes deprimidos sin capacidad de valerse por si mismos, el LSD era introducido en calcamonías para apoderarse del voluntad de los escolares y preescolares (que de todo se ha dicho) y el matrimonio gay también tendrá unas consecuencias terribles que acabaran con la familia… ¿Nuestra sociedad sin hacer apelaciones al miedo podría sobrevivir? Dada cuanta de los enormes peligros publicitados que nos acechan sin fin, incluyendo el programa Gran Hermano, cuyo efecto puede derrumbar los valores morales de la sociedad, se podría defender que no, que para sobrevivir necesita este tipo de relatos.
· ¿Y la izquierda abertzale? Estos mas que nadie eran y son propensos a creer cuentos y fábulas, empezando con la idea de que el euskera es el idioma mas antiguo de Europa, y el vasco es el tipo humano que antecede a cualquier pueblo europeo… Habría que recordar, aunque se haya casi olvidado, que además de ir contra los dopados, los locales festivos y similares, también ETA atentó contra las películas de destape y la pornografía. En el Pequeño Casino de San Sebastián, por ejemplo, una película X fue interrumpida por varios encapuchados que dieron un sermón al publico y luego fue instado a que abandonaran la sala y a no pecar de nuevo (como para no hacerles caso), su justificación era que la pornografía llevaba a la expansión de la violación. El número de la Revista Punto y Hora que hace referencia Juan C Usó es una antología de creencias irracionales. Y ETA andaba en la inopia, como tantas veces que ha actuado en el tema de las drogas, llegó a atentar contra una discoteca de Itziar, a primero de los 80, creo que Txitxarro, que era gestionada por jóvenes abertzales cercanos a su mundo, y que promocionaba actuaciones en Euskera. Se les debió quedar la cara de piedra. Drogado igual a chivato, camello igual a policía, era y es la máxima de la izquierda abertzale.
b) Los relatos que crea una sociedad moderna.
Ante cualquier fenómeno nuevo introducir un relato con tintes fantásticos pero pasado por la realidad es una forma habitual en la percepción social del fenómeno.
La prensa, los pensadores, etc… han hecho esto con cualquier movimiento juvenil, organizado o espontáneo. Incluso no ha habido necesidad para contar y expandir una historia de que hubiera tal fenómeno. El ABC en el 87 decía que la plaga de crack era inminente y realizaba una estimación del impacto en cientos de miles de adictos en los próximos meses.
Si expandes estas historias, las crees, y las puedes entender desde muchos puntos de vista: le vale la heroína al etarra y tambien a la FAD… Al final la base de la historia, una droga corrompe las almas de jóvenes angelicales transformándolas en seres autómatas sin voluntad y guiados para propósitos perversos.
Es decir hay una razón por la que hay que poner en duda las teorías conspirativas de la heroína, como causa de desmovilización, de apaciguamiento… ya que haciendo adictos a la heroína no se puede conseguir eso: primero no es posible hacer adictos a la heroína sin que el sujeto se de cuenta (cuenten lo que cuenten), y segundo a un adicto no puedes conducirlo por donde quieras, irremediablemente algo de voluntad le queda (y casi seguro que te trae problemas no deseados).
Bueno fue una época en la que se abría a cambios en el país, pero España también se abría al mundo, y lo que había llegado al resto del mundo también llego aquí con la fuerza de las circunstancias. También había miedos, en muchos lugares de la red social, miedo a que se desbaratara: unos querían mas y otros menos, unos querían de esto y otros de aquello. Y como tal hubo muchas voces, fiesta y algo de desmadre, no mas que en Italia en los finales de los 70, pero bastante mas que en los años anteriores. Y el estado fue tan bueno o mal como en otros momentos y en otros lugares, con las peculiaridades de nuestro momento.
victor martinez
21 agost 2010, 06:22
37Veig que s’ha aturat el debat. Només agrair a l’articulista i els comentaristes en general, i l’últim, Miguel, en particular.
A mi em dóna molt a reflexionar sobre el context actual dels moviments socials, sempre hi ha un culpable extern, un policia infiltrat, o qualque altre cosa, i la major part de les vegades (opino) és una incapacitat pura a asumir la pròpia responsabilitat que no és compleix. Assemblea rera assemblea els punts de l’ordre del dia es posterguen per que la gent no ha fet el que es va comprometre a fer.
matango
5 setembre 2010, 12:37
38Suscribo todos los comentarios que descartan la conspiranoia, demasiada gente se ha apoyado en la coartada de la irresponsabilidad (lo de la papela con patas es una imagen bien grafica) para autojustificarse y el mundo abertzale , es tan simplon, que expulsa de sus herrikos, a los vendedores de hachis, mientras que el establecimiento vende alcohol y su camarera se mete lineas (no recuerdo si speed o perico). Nada que decir al respecto de lo que se meta cada cual (el que este libre de pecado….) pero un poco de seriedad por favor….
Canti
9 setembre 2010, 08:41
39Durante el mes de Agosto el artículo Nos matan con heroína de Juan Carlos Usó ha sido publicado en varias webs de diversos signo y contenido en Inet.
En primer lugar Enfocant.net tuvo la cortesía de contactar con la web sense nom para publicar la traducción catalana del artículo que podemos leer aquí revisada por Juan Carlos Usó
Agradecemos a los responsables de esta web el trabajo y difusión del artículo.
A los pocos días, la traducción fue colgada en Indimedia donde ha generando un debate entre sus lectores: Indimedia, Ens maten amb he: http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/401286/index.php
Posteriormente Joana Gorina publico una réplica al artículo titulada Ens enganyen, amb l’heroïna en Llibertat.cat de la cual se han hecho eco otras webs como Perdonin però això no s’ho poden perdre y Universitat Comunista dels Països Catalans.
Empezado ya Septiembre, numerosas webs y blogs mencionan y enlazan el artículo y sus comentarios. Un vistazo en Google puede orientarnos fácilmente.
Quiero agradecer a Miguel su magnífica exposición, a Victor Martínez su reflexión sobre el contexto actual de los movimientos sociales y a matango su comentario. Especialmente quiero agradecer la aportación de documentos como la tesis de Alfred McCoy y la entrevista a Jack Cole, que aportó ddaa, que abren puertas al debate. Desde aquí emplazamos a algún voluntario a traducir esta última.
Solo me queda añadir que queremos ser muy respetuosos con todos los puntos de vista y pedimos a los comentaristas el mismo compromiso.
Gero
9 setembre 2010, 11:21
40Si el tema es complexe per si mateix, la replica de Joana Gorina afegeix una bona dosi de confusió i demagogia que l’embolica encara més. Que els independentistes també es punxaven i eren undergrounds?… tot es possible. Personalment als 70’s jo no vaig tenir el plaer de coneixer a ningú que reunis aquestes caracteristiques…
Canti
21 setembre 2010, 06:54
41El artículo de Juan Carlos Usó sigue generando polémica en Inet. Buen ejemplo de ello es la publicación en la web RacóCatalà de una replica a Joana Gorina (?). llamada Quan el dogma és creure en la faula
ddaa
22 setembre 2010, 02:50
42El artículo de Gorina equivale al pataleo de una niña a la que le han quitado uno de sus juguetes favoritos. Paupérrimo.
Gero
22 setembre 2010, 11:37
43Mas que paupérrimo resulta talibanico
Carlos
13 gener 2011, 07:11
44Hola a todos. En 1975, con Franco a punto de morir cumplo 18 años. Desde quinto de bachiller en el instituto y gracias a un profesor de filosofia que nos introduce en Marx y Bakunin, tras formar unos cuantos amig@s el GAD (Grupo Anarquista Durruti) pasamos a la CNT. En cuanto fuí mayor de edad, me largué de casa a una comuna rural y mas tarde a una urbana. De aquella aqui en Asturias había gran cantidad de drogas faciles de conseguir sin receta. Anfetas (Still 2, Bustaid, Dexedrina,Maxibamato, Centramina) analgesicos como Sosegon y Pentazocina, que fue lo primero que yo me inyecté. De aquella deciamos picar, luego vino el fije, tras leer el Yonqui de Burroughs. Yo tenía amigos hijos de medico, de farmaceutico y empezamos a meternos tiza de morfa, clorhidrato de cocaina en polvo y en ampollas, morfina Arrans de 0,1 y 0,2, morfina Castillo de hasta 0,4 y 0,5 con el liquido ambar, rico en opio supongo. A lo que voy es a que durante unos dos años hubo un grupo de gente en Asturias (entre Oviedo, Gijon, cuenca minera, Aviles seriamos 50) que nos chutabamos de todo menos heroina, porque no la había. Algunos empezaron a robar (no atracar) farmacias y desvalijar el armarito de los narcoticos. De allí salia Pantopon, morfina, Septa_Om o Metasedin (metadona en ampollas), Palfium, Eucodal, Eucosan, opio en polvo o en roca, Dolantina, dolanquifa, codeina y mas. Hasta los supositorios venian bien cuando estabas de mono, los habia de codeina, de metadona y de opio.Y cuando venía el mono, que si que nos enganchamos, y no había nada que comprar en el mercado, tomabamos Tilitrate o jarabe de Lasa con Codeina, media botella empalagosa y como nuevo, o Per Duretas o Codeisan, siempre habia alguna farmacia que no ponía problemas. Se daba el caso a veces de tener dinero y no haber nada para comprar en toda Asturias. Luego yo mismo robé una farmacia y diez dias despues me detuvieron. Era el 78 y el juez me mandó a una clinica de Madrid donde aparte de no tener ni puta idea del tema, lo unico que hicieron fue desengancharme con una cura de sueño. Luego me libré con dos años en condicional. Robé mas farmacias sin que me pillaran (Uno aprende), y me volvieron a pillar en el 81. De aquella estuve quince dias en la carcel hasta que el alcaide se hartó de aguantarnos y pidió al juez que nos soltara.
Lo que quiero decir con toda esta historia es que la epidemia se propagó por si misma, sin intermediarios estatales en una generacion con muchisimos jovenes, habia habido un baby boom en los sesenta y ultimos 50. Y cuando los primeros que viajaron a Tailandia y trajeron un kilo o 2 de Caballo blanco buenisimo y barato hicieron dinero y mantenian su vicio, comenzó la progresión geometrica.
Y mal que nos pese o no lo queramos reconocer, cada adicto, para mantener su vicio, enganchó a otros diez a los que proveer y yo creo que esa fue la verdadera razón de la escalada creciente que tuvo el consumo de heroina. Yo compraba un gramo a 15000 pelas y hacía papelinas para sacar para mi consumo y para comprar otro. Asi de facil se expande una epidemia. Con cada nuevo adicto tratando de habituar a otros para mantener su jeringa cargada.
Es duro pensar que uno fue el “culpable” (por mas que no pusieras una pistola en la cabeza a nadie como dicen algunos por aquí) de que surgieran nuevos adictos y muchos de ellos murieran jovenes de sobredosis o enfermedad. Creo que al echar la culpa a una conspiración planetaria, nos despojamos de nuestra responsabilidad. Ya el mismo Burroughs decía que cada adicto tiene como mision crear otros cuantos que te ayuden a financiarte el habito. Y de ahi, de la proliferacion de consumidores surgió que cada vez mas gente quisiera comer del pastel y ganar dinero.
xavi cot
14 gener 2011, 07:06
45Carlos me parece muy acertado tu comentario, tu experiencia personal es muy válida para explicar el mundo de las drogas de la segunda mitat de los 70s, no tanto para la primera mitat de los 70s.
En especial estoy totalmente de acuerdo en la expansión de la droga y en especial de la heroina, tal como lo cuentas, yo no creo en conspiraciones ni en aquello de que la culpa de todo la tiene la Cía, Bush o el Zapatero, la culpa está más cercana, incluso en nosotros mismos
aunque fuera involuntaria.
Carlos Miragaya
12 abril 2011, 11:39
46Informo a La Web Sense Nom de su llegamiento a La Vaquería de la Libertad reabierta, en la URL adjunta como website. Saludos afectuosos desde el Laboratorio de Bagel-Drei, en Renania. Y saludos también de todos quienes nos estamos en el Llavero de la Vakería de la Libertad, reabierta, rumbo a, el mismo Juan Carlos Usó inclusive.
xavi
23 abril 2011, 09:33
47Ep! aquest és un missatge pel Juan Carlos Usó. Com que diria que li agrada molt documentar i veure tots els elements d’aquesta pel·lícula, l’informo de l’existència d’un documental, súmmament descarregable a internet, que se’n diu “Salda Badago”, documental que recull tota la santa experiència del que va ser l’anomenat rock radical basc durant la dècada dels vuitanta.
Cap al final del mateix documental, quan es tracta el tema de la heroína en aquells ambients, hi ha un testimoni d’un senyor que al seu moment havia portat un molt conegut bar del rotllo a Iruña on explica una versió dels fets que cas de ser certa, igual faria replantejar algunes de les conclusions d’aquest article.
No dic que siguin certes o no, ho desconec, se m’escapa i crec que en tot cas l’Usó té molts més elements de judici que els que pugui tenir jo. Ara bé, em sembla com a mínim un element a tenir en compte que pot obrir línies d’investigació interessants.
Records i moltíssimes felicitats per la web sense nom :-)
ddaa
5 maig 2011, 06:46
48Gracias a Xavi, si bien pienso que lo del señor que tenía un bar del rollo en iruña suena muy parecido a la historia del gitano de Pepe Ribas. No obstante, y así como vi “Narcos, la ruta de la impunidad” también voy a ver este documental, algo que se puede hacer cómodamente gracias a que lo han subido a Vimeo. Aquí va el enlace:
Los inicios del rock vasco, Iker trebiño
ddaa
5 maig 2011, 08:09
49Visto el documental (que me ha parecido excelente), lo único que dice M. Gil es que vio coches de la guardia civil repartiendo heroína a la puerta de su bar. Lo malo es que, por un lado, estamos hablando de 1983/84, y la heroína se empezó a consumir en Euskadi entre seis y siete años antes, y los primeros adictos no habitaban en las zonas industriales y obreras, sino en las más pijas (como en toda España, por otra parte). Podría dar una larga lista de adictos donostiarras a los que conocí por aquella época. Por otro, estos guardias civiles tan temerarios como indiscretos bien podrían haberse dedicado a distribuir heroína por mero lucro. Eso sí, varios de los entrevistados en el documental dan por sentado que el auge de la heroína en el país vasco obedeció a un plan maligno pero, tirando del símil de la partida de ajedrez usado por Gil, dos no juegan al ajedrez si uno no quiere y encuentro que es imposible obligar a la gente a meterse heroína así que sigo estando en el bando de los escépticos y me quedo con el testimonio de Carlos (#44) que coincide punto por punto con lo que yo vi aquellos días de finales de los Setenta.
Canti Casanovas
6 maig 2011, 02:09
50ddaa
Nada que añadir a lo que dices. Excepto saludar i agradecer a Xavi su comentario. Creo que este documental merece una nueva entrada en la web sense nom. Gracias.
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